«África no tiene historia».
A primera vista, puede parecer una afirmación absurda. Sin embargo, no es una frase que hayamos inventado para este artículo.
Durante los siglos XIX y XX encontramos intelectuales europeos que defendieron, de una forma u otra, que África se encontraba fuera de la historia universal, que sus sociedades no habían alcanzado un desarrollo comparable al europeo o que el pasado africano carecía de interés histórico.
No todos los europeos pensaron así, y sería un error presentar la historia intelectual europea como un pensamiento uniforme. Hubo viajeros, investigadores, arqueólogos, lingüistas e historiadores europeos que realizaron importantes aportaciones al conocimiento de África.
Pero también existió una corriente de pensamiento profundamente eurocéntrica que convirtió la experiencia histórica europea en una medida para juzgar a otras sociedades.
Y África fue uno de los territorios sobre los que estas ideas tuvieron consecuencias especialmente importantes.
Por eso, la pregunta que debemos hacernos no es si África tiene historia.
La pregunta es:
¿Por qué durante tanto tiempo determinados intelectuales llegaron a pensar que África no la tenía?
Hegel y África fuera de la historia
Uno de los ejemplos más conocidos es el filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831).
En sus Lecciones sobre la filosofía de la historia, Hegel estableció una determinada concepción del desarrollo de la historia universal.
Cuando llegó a África, escribió:
«For it is no historical part of the World; it has no movement or development to exhibit.»
Es decir:
«No es una parte histórica del mundo; no tiene movimiento ni desarrollo que mostrar».
Hegel continuaba afirmando que lo que él entendía propiamente por África era un espíritu «no histórico» y «no desarrollado», todavía ligado a las condiciones de la naturaleza.
No estamos ante una interpretación posterior de sus ideas.
Lo escribió Hegel.
Y esto resulta especialmente importante.
Porque Hegel no estaba diciendo simplemente que conociera poco la historia de África.
Estaba estableciendo una clasificación filosófica de las sociedades y de su relación con lo que él entendía por historia universal.
Incluso cuando reconocía la importancia de determinadas regiones africanas, podía situarlas dentro de otras áreas de su esquema histórico.
Cartago, por ejemplo, era considerada por Hegel una colonia fenicia y, por tanto, relacionada con Asia.
Egipto ocupaba también un lugar particular dentro de su filosofía de la historia.
De esta manera, una parte importante de África quedaba fuera de aquello que Hegel consideraba propiamente historia universal.
Europa como medida de la historia
Aquí aparece uno de los problemas fundamentales del eurocentrismo.
No consiste simplemente en que un europeo estudie Europa.
Eso sería algo completamente normal.
El problema aparece cuando la experiencia histórica europea se convierte en el modelo universal mediante el cual se juzga el desarrollo de todas las demás sociedades.
Si una sociedad no posee las mismas instituciones que Europa, puede ser considerada atrasada.
Si no utiliza las mismas formas de escritura, puede ser considerada sin historia.
Si no sigue el mismo proceso político, económico o religioso, puede ser considerada inferior.
Y si sus sociedades no encajan en el modelo europeo de desarrollo, pueden llegar a ser presentadas como inmóviles.
África fue frecuentemente interpretada desde este tipo de categorías.
¿No había fuentes?
Uno de los argumentos utilizados durante mucho tiempo para cuestionar la existencia de una historia africana fue la escasez de determinadas fuentes escritas.
Pero aquí debemos hacer una distinción fundamental.
No tener grandes archivos escritos no significa no tener historia.
Muchas sociedades africanas conservaron información sobre su pasado mediante la tradición oral.
Genealogías.
Relatos históricos.
Poesía.
Memoria de acontecimientos.
Tradiciones políticas.
Relatos transmitidos entre generaciones.
Esto no significa que cualquier tradición oral deba aceptarse sin crítica.
Al contrario.
La tradición oral, como cualquier otra fuente histórica, debe ser contrastada y analizada.
El historiador belga Jan Vansina fue precisamente una de las figuras fundamentales en el desarrollo de una metodología para estudiar las tradiciones orales africanas como fuentes históricas.
Su obra Oral Tradition as History, publicada en 1985, constituye una referencia fundamental en este campo.
La cuestión era importante:
la ausencia de un tipo determinado de documentación no podía convertirse en una prueba de la ausencia de historia.
La arqueología
Y no debemos olvidar otra fuente fundamental:
la arqueología.
África conserva evidencias materiales de miles de años de historia.
Asentamientos.
Ciudades.
Fortificaciones.
Templos.
Tumbas.
Cerámicas.
Herramientas.
Metalurgia.
Esculturas.
Monedas.
Arquitectura.
Redes comerciales.
La arqueología ha permitido reconstruir sociedades africanas que dejaron pocos documentos escritos o que desarrollaron otras formas de transmisión del conocimiento.
La propia UNESCO dedicó el primer volumen de su Historia General de África a la metodología y la prehistoria africanas, incluyendo precisamente la arqueología, la historiografía y diferentes tipos de fuentes.
Y el segundo volumen está dedicado a las civilizaciones antiguas de África.
Por tanto, no estamos ante un continente sin pasado.
Estamos ante un continente cuyo pasado requiere utilizar diferentes tipos de fuentes.
África tenía civilizaciones
Esta cuestión merece ser subrayada.
África no fue simplemente un conjunto de pequeñas comunidades aisladas esperando la llegada de europeos.
La historia africana incluye sociedades políticas complejas, grandes Estados, ciudades, imperios y redes comerciales que se desarrollaron durante siglos.
El antiguo Egipto.
Kush.
Meroe.
Aksum.
Ghana.
Mali.
Songhai.
Kanem-Bornu.
Ife.
Benín.
Kongo.
Gran Zimbabue.
Mapungubwe.
Y muchas otras sociedades y entidades políticas forman parte de la historia del continente.
No todas fueron iguales.
No tuvieron las mismas instituciones.
No pertenecieron al mismo período.
No compartieron una única cultura.
Y precisamente ahí reside una de las grandes riquezas de la historia africana:
África no tuvo una sola civilización. Tuvo muchas.
Egipto
El caso de Egipto es especialmente significativo.
La civilización faraónica es una de las grandes civilizaciones de la Antigüedad.
Y Egipto está en África.
Esto puede parecer una obviedad.
Pero históricamente ha existido una tendencia a estudiar Egipto separado del resto de África, situándolo fundamentalmente dentro de una historia del Mediterráneo o del Próximo Oriente.
No significa que Egipto no tuviera relaciones con otras regiones.
Por supuesto que las tuvo.
Precisamente por eso debe estudiarse dentro de las redes que conectaban el valle del Nilo con el Mediterráneo, el Próximo Oriente y otras partes de África.
Pero Egipto no deja de ser una civilización africana.
Y la propia Historia General de África de UNESCO dedica buena parte de su segundo volumen a Egipto y Nubia dentro del desarrollo de las civilizaciones africanas.
Kush y Meroe
Al sur de Egipto encontramos otra historia fundamental:
Kush.
El reino de Kush se desarrolló en Nubia y llegó a ejercer un enorme poder en el valle del Nilo.
Sus gobernantes llegaron incluso a controlar Egipto durante la llamada dinastía XXV.
Posteriormente, Meroe se convirtió en un importante centro político y cultural.
Aquí tenemos nuevamente un ejemplo de cómo la historia africana no puede reducirse a Egipto.
Existían otras sociedades africanas con sus propias estructuras políticas, económicas y culturales.
Aksum
En el Cuerno de África encontramos otra gran civilización:
Aksum.
El reino de Aksum desarrolló importantes relaciones comerciales con el mundo del mar Rojo y el océano Índico.
Su importancia queda reflejada en sus monumentos, inscripciones, monedas y conexiones comerciales.
Aksum tampoco necesita ser explicado como una prolongación de alguna civilización exterior.
Fue una sociedad africana con su propia trayectoria histórica y sus propias relaciones con otros mundos.
Ghana, Mali y Songhai
En África occidental encontramos otra sucesión de grandes formaciones políticas.
Ghana.
Mali.
Songhai.
Sus historias estuvieron relacionadas con las rutas comerciales que atravesaban el Sahara y conectaban África occidental con el Magreb, Egipto y otras regiones.
El oro tuvo una enorme importancia en estas redes.
Pero sería un error reducir la historia de estos Estados únicamente al comercio.
Existieron estructuras políticas, ciudades, sistemas fiscales, ejércitos, instituciones religiosas, centros de conocimiento y relaciones diplomáticas.
El famoso viaje de Mansa Musa a La Meca en el siglo XIV es uno de los ejemplos más conocidos de las conexiones internacionales de Mali.
No estamos hablando de sociedades aisladas.
Estamos hablando de sociedades integradas en redes comerciales e intelectuales de enorme extensión.
África occidental y el conocimiento
La historia de África occidental también estuvo vinculada a una importante tradición escrita.
Ciudades como Tombuctú se convirtieron en centros de conocimiento y producción manuscrita.
Existieron bibliotecas y colecciones de manuscritos árabes y africanos que documentan aspectos de la historia política, religiosa, jurídica y social de la región.
Esto resulta especialmente importante para nuestro tema.
Porque demuestra que el problema de las fuentes no puede reducirse a la afirmación de que África carecía de escritura.
Había escritura.
Había manuscritos.
Había historiadores.
Había juristas.
Había cronistas.
Y también existían formas de transmisión oral.
La historia africana utilizó, como cualquier otra historia, diferentes tipos de fuentes.
Gran Zimbabue
Otro ejemplo especialmente significativo es Gran Zimbabue.
Las enormes construcciones de piedra de este complejo arqueológico constituyen una de las grandes evidencias de la historia de las sociedades africanas del África austral.
Pero durante el período colonial existieron interpretaciones que negaban que las poblaciones africanas locales pudieran haber construido aquellas estructuras.
Se buscaron otros responsables.
Árabes.
Fenicios.
La reina de Saba.
Incluso personajes bíblicos.
La cuestión resulta reveladora.
Cuando se parte de la idea de que una sociedad africana no puede haber producido una determinada obra, la evidencia arqueológica puede interpretarse buscando cualquier explicación antes que aceptar la capacidad de las poblaciones africanas.
La historiografía posterior ha situado Gran Zimbabue dentro de la historia de las sociedades africanas de la región.
Y este caso se convirtió en uno de los ejemplos más conocidos de cómo los prejuicios pueden influir en la interpretación del pasado africano.
El elemento racial
Aquí encontramos otro aspecto que no debemos ignorar.
Durante los siglos de la trata de esclavos y posteriormente de la expansión colonial europea se desarrollaron y difundieron diferentes teorías raciales.
Estas teorías no fueron simplemente una cuestión de clasificación científica.
En determinados contextos establecieron jerarquías entre pueblos.
Europa podía aparecer como modelo de civilización.
Mientras que los pueblos africanos podían ser representados como primitivos, atrasados o incapaces de desarrollar determinadas instituciones.
La UNESCO ha señalado expresamente que los mitos y prejuicios asociados a la historia de África ocultaron durante mucho tiempo su pasado y que la Historia General de África nació precisamente con el propósito de ofrecer una interpretación del continente desde una perspectiva africana.
Por eso, cuando hablamos de eurocentrismo en la historiografía africana, no hablamos únicamente de geografía.
Hablamos también de quién establece las categorías mediante las cuales se juzga a las demás sociedades.
Cheikh Anta Diop
Y es aquí donde aparece una figura fundamental:
Cheikh Anta Diop.
Diop nació en Senegal en 1923 y murió en 1986.
Su importancia para el pensamiento africanista y panafricanista es enorme.
En 1954 publicó Nations nègres et culture, una obra que se convertiría en una referencia fundamental del pensamiento histórico africano del siglo XX.
Diop cuestionó las interpretaciones que situaban a África en una posición histórica subordinada y defendió la necesidad de estudiar las civilizaciones africanas desde una perspectiva que reconociera su protagonismo.
Uno de los grandes temas de su obra fue el antiguo Egipto.
Diop defendió la necesidad de situar Egipto dentro de la historia africana y cuestionó las interpretaciones que separaban radicalmente la civilización faraónica de su contexto africano.
Su obra no se limitó a Egipto.
También estudió los sistemas políticos y sociales africanos y trató de demostrar la profundidad histórica de las sociedades africanas.
Por ello, su importancia no consiste únicamente en haber reivindicado una civilización.
Consiste en haber cuestionado la manera en que se había construido la propia narración histórica sobre África.
Diop frente al pensamiento eurocéntrico
La importancia de Diop debe entenderse dentro de su época.
No estaba simplemente intentando añadir algunos capítulos africanos a una historia escrita desde Europa.
Estaba cuestionando un modelo historiográfico en el que Europa había ocupado el centro.
Su obra defendía que África podía ser estudiada como sujeto histórico.
Que sus civilizaciones podían ser investigadas.
Que sus sociedades podían ser analizadas.
Que sus lenguas podían aportar información histórica.
Que su patrimonio podía estudiarse científicamente.
Y que la historia africana debía formar parte de la historia universal.
La UNESCO reconocería posteriormente la importancia de este cambio de perspectiva en su proyecto de Historia General de África. De hecho, Diop fue uno de los especialistas africanos vinculados a este proyecto.
Kenneth Onwuka Dike
Diop no fue el único.
En Nigeria, Kenneth Onwuka Dike desarrolló una importante obra historiográfica.
En 1956 publicó Trade and Politics in the Niger Delta, 1830-1885, un estudio sobre las relaciones económicas y políticas del delta del Níger.
Su trabajo contribuyó al desarrollo de una historiografía en la que las sociedades africanas aparecían como protagonistas de procesos políticos y económicos, y no simplemente como objetos pasivos de la expansión europea.
Esto es importante.
Porque la historia de África no consiste únicamente en estudiar qué hicieron los europeos en África.
Consiste también en estudiar qué hicieron los africanos.
La historia de África no es la historia de los europeos en África
Esta diferencia parece sencilla, pero resulta fundamental.
Durante siglos, gran parte de la documentación europea sobre África fue producida por exploradores, comerciantes, misioneros, militares y administradores.
Esas fuentes son importantes.
Pero tienen sus propios puntos de vista y limitaciones.
Si utilizamos exclusivamente esas fuentes, podemos terminar contando principalmente la historia de los europeos en África.
Y eso es precisamente lo que Hugh Trevor-Roper llegó a afirmar.
Hugh Trevor-Roper
Trevor-Roper fue uno de los historiadores británicos más conocidos del siglo XX y ocupó la cátedra Regius de Historia Moderna en Oxford.
En una conferencia emitida por la BBC y posteriormente publicada en The Rise of Christian Europe, afirmó:
«Perhaps in the future there will be some African history to teach. But at present there is none, or very little: there is only the history of the Europeans in Africa. The rest is largely darkness... And darkness is not a subject for history.»
En español:
«Quizá en el futuro haya alguna historia africana que enseñar. Pero actualmente no hay ninguna, o muy poca: sólo existe la historia de los europeos en África. El resto es en gran medida oscuridad... Y la oscuridad no es un tema para la historia».
La cita aparece documentada en The Rise of Christian Europe, p. 9.
Pero Trevor-Roper fue todavía más explícito.
En otro texto afirmó:
«It follows that the study of history is and must be Eurocentric.»
Es decir:
«Se sigue que el estudio de la historia es y debe ser eurocéntrico».
La afirmación aparece en su artículo «The Past and the Present: History and Sociology», publicado en Past and Presenten 1969.
Aquí ya no tenemos que interpretar demasiado.
El propio autor utilizó el término eurocéntrico.
Hegel y Trevor-Roper
Hegel y Trevor-Roper vivieron en épocas muy diferentes y sus sistemas intelectuales no fueron idénticos.
No debemos convertirlos en una misma persona ni atribuirles exactamente las mismas ideas.
Pero existe una semejanza evidente en sus afirmaciones sobre África.
Hegel había considerado que África no era una parte histórica del mundo y que no tenía movimiento o desarrollo que mostrar.
Trevor-Roper afirmó más de un siglo después que apenas había historia africana que enseñar y que el pasado africano era «oscuridad».
La cuestión es especialmente llamativa porque Trevor-Roper realizó esta afirmación en una época en la que la investigación histórica sobre África ya estaba desarrollándose de manera importante.
Una historiografía africana en crecimiento
Mientras Trevor-Roper afirmaba que había poca o ninguna historia africana que enseñar, otros investigadores estaban demostrando precisamente lo contrario.
Jan Vansina estudiaba las tradiciones orales.
Kenneth Dike investigaba la historia económica y política de Nigeria.
Cheikh Anta Diop estudiaba las civilizaciones africanas y su lugar en la historia universal.
Otros investigadores trabajaban sobre arqueología, lingüística, manuscritos y fuentes africanas.
La historiografía africana no estaba esperando a que Europa descubriera que África tenía pasado.
Ya estaba investigándolo.
La Historia General de África de UNESCO
En 1964, mientras numerosos Estados africanos alcanzaban la independencia, UNESCO puso en marcha uno de los proyectos historiográficos más importantes del siglo XX:
la Historia General de África.
El objetivo era estudiar la historia del continente desde una perspectiva africana.
El proyecto reunió durante décadas a más de 550 historiadores y especialistas africanos e internacionales y estuvo supervisado por un Comité Científico Internacional compuesto en dos terceras partes por miembros africanos.
La obra no se limitó a estudiar el período colonial.
Su estructura comienza con la prehistoria y las antiguas civilizaciones africanas y continúa con la historia medieval, moderna y contemporánea del continente.
La UNESCO incluye entre sus volúmenes uno dedicado a la metodología y la prehistoria africanas y otro específicamente a las civilizaciones antiguas de África.
Esto resulta especialmente significativo.
Porque demuestra que la historia africana no necesita ser reconstruida únicamente a partir del momento en que llegaron los europeos.
Tiene miles de años de historia anterior.
África no es una sola historia
También debemos evitar otro error.
Reivindicar la historia africana no significa presentar África como una civilización única.
África es un continente enorme.
Sus sociedades han sido extraordinariamente diversas.
No podemos colocar en una misma categoría a Egipto, Kush, Aksum, Mali, Kongo, Benín y Gran Zimbabue como si hubieran formado una única civilización.
No la formaron.
Cada una tuvo su propio contexto histórico.
Sus propias instituciones.
Sus propias religiones.
Sus propias estructuras económicas.
Sus propias relaciones con otros pueblos.
Precisamente por eso hablamos de historias africanas.
Y todas ellas forman parte de la historia del continente.
Tampoco se trata de idealizar África
Reconocer la existencia de civilizaciones africanas tampoco significa presentar el pasado africano como una especie de edad dorada.
Las sociedades africanas tuvieron guerras.
Conflictos.
Esclavitud.
Desigualdades.
Luchas políticas.
Expansiones territoriales.
Cambios religiosos.
Crisis y transformaciones.
Como cualquier otra sociedad humana.
Precisamente por eso son sociedades históricas.
No necesitamos idealizarlas para reconocer su importancia.
La historia no consiste en presentar pueblos perfectos.
Consiste en estudiar lo que ocurrió.
África tiene historia
Y llegamos nuevamente al título de este artículo.
«África no tiene historia».
Después de todo lo que hemos visto, la afirmación resulta difícil de sostener.
África tiene historia.
Tiene una de las historias más antiguas de la humanidad.
Tiene civilizaciones.
Tiene Estados.
Tiene ciudades.
Tiene redes comerciales.
Tiene tradiciones intelectuales.
Tiene manuscritos.
Tiene monumentos.
Tiene tradiciones orales.
Tiene arqueología.
Tiene lenguas y culturas que permiten reconstruir procesos históricos de enorme complejidad.
Y, sobre todo, tiene sociedades que fueron protagonistas de su propio pasado.
El problema nunca fue que África no tuviera historia.
El problema fue que durante mucho tiempo determinadas formas de escribir la historia no supieron, no quisieron o no pudieron reconocerla.
Hegel lo expresó desde su filosofía de la historia.
Trevor-Roper lo expresó todavía en pleno siglo XX.
Frente a ellos surgieron investigadores africanos y africanistas que demostraron que el continente podía y debía ser estudiado como sujeto histórico.
Cheikh Anta Diop fue una de las figuras más importantes de esa transformación.
La historiografía africana posterior amplió enormemente nuestro conocimiento.
Y la Historia General de África de UNESCO reunió buena parte de ese esfuerzo en una obra de dimensiones extraordinarias.
Por tanto, quizá la pregunta nunca debió ser:
¿Tiene África historia?
La pregunta correcta es otra:
¿Por qué hubo quienes durante tanto tiempo afirmaron que no la tenía?
Y la respuesta nos lleva directamente a la historia del eurocentrismo, del colonialismo y de las teorías raciales que, en determinados momentos, situaron a Europa como medida universal del desarrollo humano.
Pero ninguna de esas ideas puede borrar el pasado.
África estaba allí antes de que Europa la describiera.
Sus pueblos construyeron Estados.
Sus sociedades crearon culturas.
Sus comerciantes recorrieron largas distancias.
Sus gobernantes ejercieron el poder.
Sus sabios transmitieron conocimientos.
Sus artesanos levantaron ciudades y monumentos.
Sus generaciones conservaron la memoria de las anteriores.
África tenía historia.
Y la sigue teniendo.
Bibliografía y fuentes
Fuentes primarias
- Hegel, Georg Wilhelm Friedrich. Lectures on the Philosophy of World History. La sección dedicada a África contiene las afirmaciones citadas en este artículo.
- Trevor-Roper, Hugh. The Rise of Christian Europe. Londres: Thames and Hudson, 1965/1966, p. 9.
- Trevor-Roper, Hugh. «The Past and the Present: History and Sociology». Past and Present, n.º 42, 1969, pp. 3-17.
- Diop, Cheikh Anta. Nations nègres et culture. París: Éditions africaines, 1954.
- Dike, Kenneth Onwuka. Trade and Politics in the Niger Delta, 1830-1885. Oxford: Clarendon Press, 1956.
Historiografía africana
- Vansina, Jan. Oral Tradition as History. Madison: University of Wisconsin Press, 1985.
- Ki-Zerbo, Joseph (ed.). General History of Africa, I: Methodology and African Prehistory. UNESCO.
- UNESCO. General History of Africa. Colección de volúmenes dedicados a la historia africana desde la prehistoria hasta la época contemporánea.
Fuentes institucionales
- UNESCO. General History of Africa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario