sábado, 6 de agosto de 2016

Qué es Bilad As-Sudan?




Bilad As-Sudan o Bilad Al-Sudan es, de hecho, una denominación árabe. Es de tener en cuenta que el nombre África, en un principio, fue usado por los romanos para referirse a una zona concreta del norte de África. Posteriormente, los autores y geógrafos musulmanes utilizaron el nombre Ifriqiya, “África”, para referirse principalmente a la región costera que comprendía partes de las actuales Argelia, Túnez y Libia, vinculada a la antigua provincia romana de Africa.

De hecho, Bilad As-Sudan significa convencionalmente “Tierra de los negros” o “Tierras de los negros”. El término Sudan está relacionado con el árabe aswad, “negro”, pero debemos tener en cuenta que su significado histórico no correspondía exactamente a nuestra concepción moderna de “negro” como categoría racial. En las sociedades musulmanas medievales, estos términos podían tener significados mucho más amplios y variables dependiendo del autor y del contexto.

Bilad As-Sudan hacía referencia principalmente a las regiones del África occidental situadas al sur del Magreb. Los geógrafos musulmanes lo situaban aproximadamente desde Takrur, en la región del actual Senegal, hasta la cuenca del lago Chad y Kanem. Por ello, no sería correcto identificar automáticamente Bilad As-Sudan con todo lo que hoy denominamos “África subsahariana”.

Este punto es especialmente importante. Como explica Isaac Samuel en su artículo “The colonial myth of ‘Sub-Saharan Africa’ in medieval Islamic geography: the view from Egypt and Bornu”, publicado en African History Extra en 2024, los geógrafos musulmanes medievales empleaban diferentes términos para las distintas regiones del continente africano y no utilizaban un concepto equivalente al moderno “África subsahariana”. Bilad As-Sudan era utilizado principalmente para el África occidental, mientras que otras regiones recibían denominaciones diferentes. Artículo de referencia en African History Extra

Así, Etiopía y Eritrea eran conocidas como Bilad Al-Habasha, “tierra de los Habasha”, mientras que la región del valle medio del Nilo era conocida como Bilad Al-Nuba, “tierra de los nubios”. Por su parte, la costa del África Oriental era conocida como Bilad Al-Zanj, “tierra de los Zanj”.

Por tanto, no significaban exactamente lo mismo. No estamos ante diferentes formas de decir “África subsahariana”, sino ante denominaciones geográficas y etnográficas que identificaban diferentes regiones y pueblos africanos. Ibn Jaldún, por ejemplo, fue cuidadoso a la hora de distinguir entre los habitantes de Habasha, los Zanj y los Sudan, señalando que cada denominación tenía su propio ámbito geográfico.

También es interesante observar que algunos autores utilizaron el término Sudan de una manera mucho más amplia. Al-Jahiz, por ejemplo, utilizó el término para referirse a numerosos pueblos africanos y también a otros pueblos fuera de África, mientras que Ibn Qutayba incluyó entre los pueblos de los Sudan a nubios, Zanj, Zaghawa, Habasha, coptos egipcios e incluso bereberes. Esto demuestra que Sudan no puede interpretarse simplemente como equivalente de la moderna categoría racial de “negro”.

Por lo que estamos ante un término que es, fundamentalmente, una designación etnogeográfica, cuyo significado podía variar dependiendo del autor y del contexto.

Y aquí encontramos algo especialmente importante: el Sahara no fue necesariamente una frontera absoluta que separara dos mundos completamente diferentes. Las relaciones entre el norte y el oeste africano fueron constantes durante siglos. Comercio, peregrinaciones, diplomacia, conocimientos, manuscritos, personas e ideas atravesaban el desierto.

Para los grandes geógrafos e historiadores de los siglos IX y X, como Al-Yaqubi, Al-Masudi y Al-Bakri, Bilad As-Sudan evocaba una referencia a poblaciones de piel oscura, pero también a una región situada al sur del Sahara que poseía importantes sociedades, reinos, rutas comerciales y riquezas.

Y aquí aparece uno de los aspectos que más fascinación despertó entre los escritores y viajeros musulmanes: el oro.

El África occidental estaba vinculada a las grandes rutas caravaneras que atravesaban el Sahara y conectaban sus sociedades con el Magreb, Egipto y el resto del mundo islámico. Reinos como Ghana, Takrur y Kanem, y posteriormente grandes imperios como Mali y Songhai, formaban parte de un mundo político y económico mucho más complejo de lo que durante mucho tiempo se ha transmitido desde determinadas visiones externas sobre la historia africana.

Refinadas cortes, poderosos reyes y emperadores, rutas caravaneras, mercados, centros de conocimiento y un auténtico El Dorado después del ardiente desierto, lugar al que tanto se tenía admiración, considerado exótico y, para algunos, cercano como lejano.

Pero, obviamente, no hay que omitir que algunos autores también tenían prejuicios e ideas estereotipadas sobre determinados pueblos africanos. Las fuentes medievales no fueron homogéneas y encontramos en ellas tanto admiración, curiosidad y respeto como prejuicios, jerarquías y estereotipos.

Precisamente por eso debemos tener cuidado a la hora de interpretar estas fuentes. No debemos sustituir los antiguos prejuicios por otros modernos ni proyectar sobre las sociedades africanas medievales nuestras actuales categorías de raza, nación o geografía.

El concepto moderno de “África subsahariana”, por ejemplo, puede ser útil en determinados contextos geográficos actuales, pero no debemos proyectarlo hacia atrás como si hubiese sido una categoría utilizada por los africanos y geógrafos musulmanes de la Edad Media. Como señala Isaac Samuel, los geógrafos musulmanes utilizaban términos mucho más concretos como Sudan, Nuba, Habasha y Zanj, y las relaciones entre estas regiones no se entendían necesariamente como una separación rígida entre un supuesto “Norte” y un supuesto “Sur” de África.

De hecho, las relaciones entre sociedades como Egipto y Bornu muestran una realidad mucho más conectada. Gobernantes, peregrinos y estudiantes africanos viajaban hacia Egipto; los estudiosos de África occidental estudiaban en centros como Al-Azhar; y las obras de autores egipcios y norteafricanos circulaban posteriormente por África occidental. Estamos, por tanto, ante una historia africana conectada, no ante dos mundos aislados por el Sahara.

Bilad As-Sudan nos permite comprender, en definitiva, cómo determinados autores musulmanes medievales describieron una parte de África y a sus habitantes. Pero también nos permite observar cómo los términos geográficos cambian de significado con el paso del tiempo y cómo las categorías modernas pueden alterar nuestra percepción del pasado.

Por eso, cuando hablamos de Bilad As-Sudan, no estamos simplemente ante una antigua manera árabe de decir “África negra” o “África subsahariana”. Estamos ante una denominación histórica, geográfica y etnográfica que principalmente identificaba el África occidental situada entre Takrur y la cuenca del lago Chad, dentro de un continente africano que estaba profundamente conectado mediante rutas comerciales, culturales, políticas e intelectuales.

Y quizá esta sea una de las cuestiones más interesantes: África no necesita ser descubierta por las fuentes externas para tener historia. Las fuentes árabes, africanas, africano-musulmanas, egipcias, nubias, etíopes y muchas otras nos permiten reconstruir un continente lleno de sociedades complejas, intercambios, conflictos, conocimientos, reinos, imperios y culturas.

Estudiar estos términos no consiste únicamente en conocer su etimología. También consiste en comprender cómo los propios africanos y quienes estuvieron en contacto con ellos describieron sus sociedades, y en evitar que las categorías creadas posteriormente terminen sustituyendo a las realidades históricas.

Referencia: Isaac Samuel, “The colonial myth of ‘Sub-Saharan Africa’ in medieval Islamic geography: the view from Egypt and Bornu”, African History Extra, 11 de febrero de 2024. Consultar artículo original

Investigación personal y elaboración: Oumar Xavier

A través de África
Difusión de la historia africana desde una perspectiva africana, con rigor histórico y sin sesgos.





miércoles, 3 de agosto de 2016

Los Dogons



Són un pueblo que en su mayoria vive en Malí en el Africa occidental, se cree que hay alrededor de entre 400-800 mil dogons, existen algunas comunidades de ellos en Burkina Faso y en Costa de Marfil, pero la concentración principal es en Malí en el llamado "Pais Dogon" que se extiende desde la escarpa de Bandiagara al sudoeste del lazo de Niger.

Los dogons son más conocidos por sus bailes y sobretodo llamativas mascaras que usan en ellos, de hecho los dogons pertenecen a la familia mande es decir mandinka, aunque tienen sus dialectos propios y estan emparentados con los bonzo que son otro grupo mandinka. En su mayoria son animistas los dogons aunque hay un sector que es musulman y un grupo minoritario cristiano, pero la razón quizas dado que viven en un pais como Malí donde el 90% de la población es musulmana, fue antiguamente que hicieron una marcha masiva a la zona escarpa y montañosa del Bandiagara donde resistieron a todo tipo de amenazas tanto extranjeras como de otras tribus para no ser asimilados por otras tribus mas grandes y poderosas, en especial como una respuesta al avance de las poderosas tribus peuls conocidas también como fulanis pero la razón principal del desplazamiento de los dogons fue causa del pueblo mossi un pueblo que solia realizar incursiones de rapiña y saqueo donde esclavizaba a sus enemigos capturados y cojia sus posesiones mediante razzias a caballo. Es señalar que el animismo dogon incluye culto a los antepasados  y en la creencia del dios creador Amma





El pais de los dogons figura como patrimonio por la Unesco debido a sus abundantes vestigiosos antiguos del pueblo dogon que sigue viviendo de forma tradicional, aunque abierto a las novedades modernas. Los dogon rastrean su ascendencia mediante un sistema patrilinial. El estilo y forma de susistencia de los dogons es la agricultura del cultivo de  mijo a sorgo y arroz , así como las cebollas y otras verduras poco exigentes agua, tambien exportan la cebolla que cultivan a otros pueblos y de hecho les sirve como forma de trueque, con los bozos intercambian las hortalizas por pescado, tambien se dedican a la cria de ganado, pollo y ovejas, ganado ovino y vacuno aunque estos suelen ser confiados a algun integrante del pueblo fulani debido a la fama que tienen de ser buenos ganaderos, tambien los dogon practican la apicultura.






Bibliografia

Marcel Griaule

  • Griaule, Marcel. Conversations with Ogotemmêli: An Introduction to Dogon Religious Ideas. Oxford University Press, 1965.

Walter E. A. van Beek

  • van Beek, Walter E. A. Dogon: Africa's People of the Cliffs. Harry N. Abrams, 2001.

UNESCO

  • UNESCO. Cliff of Bandiagara (Land of the Dogons). World Heritage Centre.

James Olson

  • Olson, James S. The Peoples of Africa: An Ethnohistorical Dictionary. Greenwood Press, 1996.

Encyclopaedia Britannica

  • Dogon. Encyclopaedia Britannica.







martes, 2 de agosto de 2016

Panorama religioso en Africa

Cuando se piensa en religión y África, quizá se tienda a exagerar un poco: hombres prosternándose ante ídolos de madera o piedra. Pero haremos un repaso sobre la historia de África y las religiones.



Egipto



En materia de religión, quizá el antiguo Egipto es lo más cercano que la gente conoce sobre sus deidades, algunas mitad animales y mitad humanas, o simplemente con cuerpos humanos. Los clásicos conocidos: Horus, el dios halcón; Osiris e Isis; Seth, que representa como un tipo de encarnación del mal; Ra, dios solar; Anubis, el dios con cabeza de chacal y que vive en el inframundo; Sobek, dios cocodrilo, y otra infinidad de deidades, cada una con sus funciones.

Aunque un faraón egipcio fue, de hecho, muy popular, Akhenaton, que instauró el culto a Atón, considerado sin precedente una forma de monoteísmo en el país, llegando a librar poderosas batallas políticas contra las poderosas castas sacerdotales egipcias. Akhenatón sería el padre de otro faraón famoso, Tutankamón.

El culto a Atón, representado como un disco solar, era un tanto parecido al del dios bíblico israelita, inclusive en himnos y demás, llegando a formularse teorías de si realmente no era una forma de culto a Dios.



                                           Akhenaton y su familia recibiendo la luz de Atón.




Antiguo Magreb

El antiguo Magreb, llamado Tamazgha por los amazigh, los cuales son la población indígena, tenía una gran variedad y diversidad religiosa y en sus prácticas.

Se adoraba a varios dioses, culto y recuerdo a los ancestros, creencia en genios o espíritus y la presencia de lugares sagrados, como arboledas, ríos, piedras, prácticas muy comunes y similares en toda África.

Hubo una síntesis y sincretismo con fenicios/púnicos y otras culturas, sin restar, claro, a la originalidad.

Había dioses como Gurzil, divinidad guerrera representada con una cabeza de toro, considerado hijo de Amón, divinidad a la que tanto los amazigh como los antiguos egipcios rendían culto también.

Tanit, aunque asociada con Cartago, era reverenciada por los amazigh, divinidad de fertilidad, prosperidad, maternidad y protección.

Ifru, divinidad femenina guerrera y protectora.



Cosmologías africanas al sur del Sahara: dioses, espíritus, ancestros y fuerzas sagradas



Los africanos del interior del continente, más abajo del Sahara, pues creían en una diversidad de espíritus y genios que moraban en los elementos: árboles, lagos, ríos, tierra, piedra, aire y demás; es decir, la versión africana de los jinns árabes. También había cultos que giraban alrededor de ciertas deidades, como en Ifá, en Nigeria, lugar sagrado de los yorubas que contiene su oráculo. Cada zona tenía sus dioses particulares y fetiches (estatuas que representaban a la deidad).

Aunque se han podido comprobar algunas nociones monoteístas y, de hecho, el ideario de un Creador, en algunos lugares sin ninguna representación ni estatua, referido como el Dios del Cielo, Gran Espíritu. Por ejemplo, cuando los pueblos igbos de Nigeria tuvieron sus contactos con los cristianos, de hecho, les pareció que su dios Chukwu era el mismo dios que creían los cristianos.

También es de hacer referencia a la existencia de cultos a los antepasados que existían en esas sociedades.


                                            Shango dios del trueno, armado con una maza u martillo, a veces visto como un tipo de dios justiciero, deidad nigeriana aunque tiene sus arquetipos en otras sociedades africanas.


 Eshu, considerado un dios "marrullero", travieso y que hace de las suyas y siempre se sale de las suyas.


Hay que pensar que existia una gran variedad de divinidades y espiritus, masculinos y femeninos, con diversos atributos, desde deidades guardianas, creadoras, vinculadas a la agricultura, al agua y mucho más.

Un ejemplo Yemoja, divinidad u orisha (igual que los mencionados anteriormente), vinculada al agua, maternidad y protección, algunas veces confundida con Mami Wata.

Estatua de Yemoja en una procesión. fotografia de Folu Oyefeso de Discovering the Rich History and Symbolism of Yemoja, the Mother of All Orishas .









Cristianismo

                                                   sacerdote ortodoxo etiope


En tiempos tempranos de la fe cristiana, se extendió por Egipto, Libia, Túnez, Argelia y Marruecos, teniendo a hombres importantes como Tertuliano, Clemente de Alejandría, Orígenes de Alejandría, Cipriano, Atanasio y Agustín de Hipona, todo eso aún en tiempos del Imperio romano.

Pero, en sí, el primer país o reino africano en adoptar la fe cristiana fue Etiopía. El reino de Aksum fue la primera nación en convertirse a la fe cristiana, llamándose sus líderes Negus, conocidos en la literatura islámica y referido su gobernante por el profeta Muhammad (sws) como un hombre sabio y de justicia.

Aunque es de tener en cuenta que dentro del cristianismo reinaron las disidencias y las iglesias separadas que no aceptaban la autoridad católica. De hecho, la Iglesia etíope era independiente de la católica.

Pero, más allá de Etiopía, no había cristianos en el África más allá de Etiopía. No sería hasta la llegada del colonialismo europeo, con sus ejércitos, cuando vinieron distintos misioneros, anglicanos, católicos, protestantes, evangélicos y de otras denominaciones a evangelizar bajo la protección armada de las potencias alemanas, francesas, belgas, inglesas y españolas.



                                          iglesia Piketberg en Sudáfrica



Islam


La entrada del Islam en el continente africano empieza con las conquistas de los conquistadores árabes en Egipto, con Amr ibn Aas, y en el Magreb, bajo Uqba ibn Nafi. Erróneamente, se tiende a pensar que se impuso a espada a los nativos africanos del África subsahariana, pero la historia muestra que no bajó por el Sahara ningún ejército de árabes blandiendo espadas por el aire y convirtiendo a la fuerza a cualquiera.

Los primeros contactos entre musulmanes y africanos de raza negra fueron, de hecho, en Etiopía, debido a la larga relación comercial de ese país con los habitantes de la península arábiga y a que sus soberanos acogieran a refugiados musulmanes. Posteriormente, la interacción entre musulmanes y los habitantes del África subsahariana fue más que nada comercial. Bajaban caravanas de comerciantes musulmanes árabes y amazighs (norteafricanos) a comerciar y hacer intercambios con los nativos: pieles de animales, marfil, diamantes, esclavos y otros objetos de interés. Pero en esas caravanas venían algunos musulmanes a quedarse en esas tierras del África, entre otras cosas, musulmanes que venían a predicar sus creencias a los nativos. Algunos eran sufíes, entre otras cosas.

Poco a poco se formaron los primeros reinos musulmanes totalmente africanos en esos lares, como el reino de Tekrur o Takrur, el Imperio Mandinga, el reino Sonray, los reinos fulanis y hausas, el reino de Kanem-Bornu. Posteriormente, en el África oriental, nacen las ciudades-estado dirigidas por árabes y swahilis.

Existen aún grandes y majestuosas mezquitas, como la de Timbuktu, o la famosa ciudad de Etiopía llamada Harar, que cuenta con más de 100 mezquitas y tumbas de grandes sabios religiosos musulmanes.

Posteriormente, la reacción islámica, tanto en el Magreb como en el interior, a los intentos colonialistas europeos fue en forma de movimientos armados de liberación. Aunque posteriormente acabaron siendo militarmente sometidos, al día de hoy siguen siendo tierras de mayoría islámica y con un gran crecimiento.



                                         Mezquita en Malí




Judaismo

Por último, acabaremos con la presencia judía. De hecho, la presencia judía en África se remonta al antiguo Egipto, aunque, en base al relato bíblico, ya vivían allí. Posteriormente, en tiempos del Imperio romano o anterior a él, en lo que es el norte de África, vivían comunidades judías o de magrebíes judaizantes.

Pero quizás llama más la atención Etiopía, donde residían los falashas, conocidos como judíos negros, cuya ascendencia se cree que se remonta a tiempos del rey Salomón. Del rey etíope Menelik I se afirma que es hijo del rey israelita Salomón y de la reina Bilqis de Saba.

Posteriormente, en zonas del África occidental, en los reinos musulmanes, sobre todo en el África occidental y oriental, había una buena presencia de pequeñas comunidades judías que trabajaban la orfebrería y el comercio. También en el Magreb residían judíos sefardíes y mizrahim, sobre todo los primeros, que salían de España ante la Inquisición.

Posteriormente, ciertos grupos afirman tener un pasado hebreo. Unos siguen una forma de judaísmo o reconversión; otros, pues, siguen aún en sus antiguas religiones, sea la islámica o cristiana, pero afirman con orgullo tener un pasado remontado al padre Abraham.

                                           Judios etiopes en Etiopia



Bibliografía:

- Libro African Religions: A Very Short Introduction de Jacob K. Olupona  2014.
- Investigación personal Oumar.
- Libro Religious Diversity in Late Antiquity 2010, de David Morton Gwynn, Luke Lavan, Susanne Bangert.
- Libro The Religious Traditions of Africa A History de Elizabeth Isichei · 2004








Africa no tiene historia?



«África no tiene historia».

A primera vista, puede parecer una afirmación absurda. Sin embargo, no es una frase que hayamos inventado para este artículo.

Durante los siglos XIX y XX encontramos intelectuales europeos que defendieron, de una forma u otra, que África se encontraba fuera de la historia universal, que sus sociedades no habían alcanzado un desarrollo comparable al europeo o que el pasado africano carecía de interés histórico.

No todos los europeos pensaron así, y sería un error presentar la historia intelectual europea como un pensamiento uniforme. Hubo viajeros, investigadores, arqueólogos, lingüistas e historiadores europeos que realizaron importantes aportaciones al conocimiento de África.

Pero también existió una corriente de pensamiento profundamente eurocéntrica que convirtió la experiencia histórica europea en una medida para juzgar a otras sociedades.

Y África fue uno de los territorios sobre los que estas ideas tuvieron consecuencias especialmente importantes.

Por eso, la pregunta que debemos hacernos no es si África tiene historia.

La pregunta es:

¿Por qué durante tanto tiempo determinados intelectuales llegaron a pensar que África no la tenía?

Hegel y África fuera de la historia

Uno de los ejemplos más conocidos es el filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831).

En sus Lecciones sobre la filosofía de la historia, Hegel estableció una determinada concepción del desarrollo de la historia universal.

Cuando llegó a África, escribió:

«For it is no historical part of the World; it has no movement or development to exhibit.»

Es decir:

«No es una parte histórica del mundo; no tiene movimiento ni desarrollo que mostrar».

Hegel continuaba afirmando que lo que él entendía propiamente por África era un espíritu «no histórico» y «no desarrollado», todavía ligado a las condiciones de la naturaleza.

No estamos ante una interpretación posterior de sus ideas.

Lo escribió Hegel.

Y esto resulta especialmente importante.

Porque Hegel no estaba diciendo simplemente que conociera poco la historia de África.

Estaba estableciendo una clasificación filosófica de las sociedades y de su relación con lo que él entendía por historia universal.

Incluso cuando reconocía la importancia de determinadas regiones africanas, podía situarlas dentro de otras áreas de su esquema histórico.

Cartago, por ejemplo, era considerada por Hegel una colonia fenicia y, por tanto, relacionada con Asia.

Egipto ocupaba también un lugar particular dentro de su filosofía de la historia.

De esta manera, una parte importante de África quedaba fuera de aquello que Hegel consideraba propiamente historia universal.

Europa como medida de la historia

Aquí aparece uno de los problemas fundamentales del eurocentrismo.

No consiste simplemente en que un europeo estudie Europa.

Eso sería algo completamente normal.

El problema aparece cuando la experiencia histórica europea se convierte en el modelo universal mediante el cual se juzga el desarrollo de todas las demás sociedades.

Si una sociedad no posee las mismas instituciones que Europa, puede ser considerada atrasada.

Si no utiliza las mismas formas de escritura, puede ser considerada sin historia.

Si no sigue el mismo proceso político, económico o religioso, puede ser considerada inferior.

Y si sus sociedades no encajan en el modelo europeo de desarrollo, pueden llegar a ser presentadas como inmóviles.

África fue frecuentemente interpretada desde este tipo de categorías.

¿No había fuentes?

Uno de los argumentos utilizados durante mucho tiempo para cuestionar la existencia de una historia africana fue la escasez de determinadas fuentes escritas.

Pero aquí debemos hacer una distinción fundamental.

No tener grandes archivos escritos no significa no tener historia.

Muchas sociedades africanas conservaron información sobre su pasado mediante la tradición oral.

Genealogías.

Relatos históricos.

Poesía.

Memoria de acontecimientos.

Tradiciones políticas.

Relatos transmitidos entre generaciones.

Esto no significa que cualquier tradición oral deba aceptarse sin crítica.

Al contrario.

La tradición oral, como cualquier otra fuente histórica, debe ser contrastada y analizada.

El historiador belga Jan Vansina fue precisamente una de las figuras fundamentales en el desarrollo de una metodología para estudiar las tradiciones orales africanas como fuentes históricas.

Su obra Oral Tradition as History, publicada en 1985, constituye una referencia fundamental en este campo.

La cuestión era importante:

la ausencia de un tipo determinado de documentación no podía convertirse en una prueba de la ausencia de historia.

La arqueología

Y no debemos olvidar otra fuente fundamental:

la arqueología.

África conserva evidencias materiales de miles de años de historia.

Asentamientos.

Ciudades.

Fortificaciones.

Templos.

Tumbas.

Cerámicas.

Herramientas.

Metalurgia.

Esculturas.

Monedas.

Arquitectura.

Redes comerciales.

La arqueología ha permitido reconstruir sociedades africanas que dejaron pocos documentos escritos o que desarrollaron otras formas de transmisión del conocimiento.

La propia UNESCO dedicó el primer volumen de su Historia General de África a la metodología y la prehistoria africanas, incluyendo precisamente la arqueología, la historiografía y diferentes tipos de fuentes.

Y el segundo volumen está dedicado a las civilizaciones antiguas de África.

Por tanto, no estamos ante un continente sin pasado.

Estamos ante un continente cuyo pasado requiere utilizar diferentes tipos de fuentes.

África tenía civilizaciones

Esta cuestión merece ser subrayada.

África no fue simplemente un conjunto de pequeñas comunidades aisladas esperando la llegada de europeos.

La historia africana incluye sociedades políticas complejas, grandes Estados, ciudades, imperios y redes comerciales que se desarrollaron durante siglos.

El antiguo Egipto.

Kush.

Meroe.

Aksum.

Ghana.

Mali.

Songhai.

Kanem-Bornu.

Ife.

Benín.

Kongo.

Gran Zimbabue.

Mapungubwe.

Y muchas otras sociedades y entidades políticas forman parte de la historia del continente.

No todas fueron iguales.

No tuvieron las mismas instituciones.

No pertenecieron al mismo período.

No compartieron una única cultura.

Y precisamente ahí reside una de las grandes riquezas de la historia africana:

África no tuvo una sola civilización. Tuvo muchas.

Egipto

El caso de Egipto es especialmente significativo.

La civilización faraónica es una de las grandes civilizaciones de la Antigüedad.

Y Egipto está en África.

Esto puede parecer una obviedad.

Pero históricamente ha existido una tendencia a estudiar Egipto separado del resto de África, situándolo fundamentalmente dentro de una historia del Mediterráneo o del Próximo Oriente.

No significa que Egipto no tuviera relaciones con otras regiones.

Por supuesto que las tuvo.

Precisamente por eso debe estudiarse dentro de las redes que conectaban el valle del Nilo con el Mediterráneo, el Próximo Oriente y otras partes de África.

Pero Egipto no deja de ser una civilización africana.

Y la propia Historia General de África de UNESCO dedica buena parte de su segundo volumen a Egipto y Nubia dentro del desarrollo de las civilizaciones africanas.

Kush y Meroe

Al sur de Egipto encontramos otra historia fundamental:

Kush.

El reino de Kush se desarrolló en Nubia y llegó a ejercer un enorme poder en el valle del Nilo.

Sus gobernantes llegaron incluso a controlar Egipto durante la llamada dinastía XXV.

Posteriormente, Meroe se convirtió en un importante centro político y cultural.

Aquí tenemos nuevamente un ejemplo de cómo la historia africana no puede reducirse a Egipto.

Existían otras sociedades africanas con sus propias estructuras políticas, económicas y culturales.

Aksum

En el Cuerno de África encontramos otra gran civilización:

Aksum.

El reino de Aksum desarrolló importantes relaciones comerciales con el mundo del mar Rojo y el océano Índico.

Su importancia queda reflejada en sus monumentos, inscripciones, monedas y conexiones comerciales.

Aksum tampoco necesita ser explicado como una prolongación de alguna civilización exterior.

Fue una sociedad africana con su propia trayectoria histórica y sus propias relaciones con otros mundos.

Ghana, Mali y Songhai

En África occidental encontramos otra sucesión de grandes formaciones políticas.

Ghana.

Mali.

Songhai.

Sus historias estuvieron relacionadas con las rutas comerciales que atravesaban el Sahara y conectaban África occidental con el Magreb, Egipto y otras regiones.

El oro tuvo una enorme importancia en estas redes.

Pero sería un error reducir la historia de estos Estados únicamente al comercio.

Existieron estructuras políticas, ciudades, sistemas fiscales, ejércitos, instituciones religiosas, centros de conocimiento y relaciones diplomáticas.

El famoso viaje de Mansa Musa a La Meca en el siglo XIV es uno de los ejemplos más conocidos de las conexiones internacionales de Mali.

No estamos hablando de sociedades aisladas.

Estamos hablando de sociedades integradas en redes comerciales e intelectuales de enorme extensión.

África occidental y el conocimiento

La historia de África occidental también estuvo vinculada a una importante tradición escrita.

Ciudades como Tombuctú se convirtieron en centros de conocimiento y producción manuscrita.

Existieron bibliotecas y colecciones de manuscritos árabes y africanos que documentan aspectos de la historia política, religiosa, jurídica y social de la región.

Esto resulta especialmente importante para nuestro tema.

Porque demuestra que el problema de las fuentes no puede reducirse a la afirmación de que África carecía de escritura.

Había escritura.

Había manuscritos.

Había historiadores.

Había juristas.

Había cronistas.

Y también existían formas de transmisión oral.

La historia africana utilizó, como cualquier otra historia, diferentes tipos de fuentes.

Gran Zimbabue

Otro ejemplo especialmente significativo es Gran Zimbabue.

Las enormes construcciones de piedra de este complejo arqueológico constituyen una de las grandes evidencias de la historia de las sociedades africanas del África austral.

Pero durante el período colonial existieron interpretaciones que negaban que las poblaciones africanas locales pudieran haber construido aquellas estructuras.

Se buscaron otros responsables.

Árabes.

Fenicios.

La reina de Saba.

Incluso personajes bíblicos.

La cuestión resulta reveladora.

Cuando se parte de la idea de que una sociedad africana no puede haber producido una determinada obra, la evidencia arqueológica puede interpretarse buscando cualquier explicación antes que aceptar la capacidad de las poblaciones africanas.

La historiografía posterior ha situado Gran Zimbabue dentro de la historia de las sociedades africanas de la región.

Y este caso se convirtió en uno de los ejemplos más conocidos de cómo los prejuicios pueden influir en la interpretación del pasado africano.

El elemento racial

Aquí encontramos otro aspecto que no debemos ignorar.

Durante los siglos de la trata de esclavos y posteriormente de la expansión colonial europea se desarrollaron y difundieron diferentes teorías raciales.

Estas teorías no fueron simplemente una cuestión de clasificación científica.

En determinados contextos establecieron jerarquías entre pueblos.

Europa podía aparecer como modelo de civilización.

Mientras que los pueblos africanos podían ser representados como primitivos, atrasados o incapaces de desarrollar determinadas instituciones.

La UNESCO ha señalado expresamente que los mitos y prejuicios asociados a la historia de África ocultaron durante mucho tiempo su pasado y que la Historia General de África nació precisamente con el propósito de ofrecer una interpretación del continente desde una perspectiva africana.

Por eso, cuando hablamos de eurocentrismo en la historiografía africana, no hablamos únicamente de geografía.

Hablamos también de quién establece las categorías mediante las cuales se juzga a las demás sociedades.

Cheikh Anta Diop

Y es aquí donde aparece una figura fundamental:

Cheikh Anta Diop.

Diop nació en Senegal en 1923 y murió en 1986.

Su importancia para el pensamiento africanista y panafricanista es enorme.

En 1954 publicó Nations nègres et culture, una obra que se convertiría en una referencia fundamental del pensamiento histórico africano del siglo XX.

Diop cuestionó las interpretaciones que situaban a África en una posición histórica subordinada y defendió la necesidad de estudiar las civilizaciones africanas desde una perspectiva que reconociera su protagonismo.

Uno de los grandes temas de su obra fue el antiguo Egipto.

Diop defendió la necesidad de situar Egipto dentro de la historia africana y cuestionó las interpretaciones que separaban radicalmente la civilización faraónica de su contexto africano.

Su obra no se limitó a Egipto.

También estudió los sistemas políticos y sociales africanos y trató de demostrar la profundidad histórica de las sociedades africanas.

Por ello, su importancia no consiste únicamente en haber reivindicado una civilización.

Consiste en haber cuestionado la manera en que se había construido la propia narración histórica sobre África.

Diop frente al pensamiento eurocéntrico

La importancia de Diop debe entenderse dentro de su época.

No estaba simplemente intentando añadir algunos capítulos africanos a una historia escrita desde Europa.

Estaba cuestionando un modelo historiográfico en el que Europa había ocupado el centro.

Su obra defendía que África podía ser estudiada como sujeto histórico.

Que sus civilizaciones podían ser investigadas.

Que sus sociedades podían ser analizadas.

Que sus lenguas podían aportar información histórica.

Que su patrimonio podía estudiarse científicamente.

Y que la historia africana debía formar parte de la historia universal.

La UNESCO reconocería posteriormente la importancia de este cambio de perspectiva en su proyecto de Historia General de África. De hecho, Diop fue uno de los especialistas africanos vinculados a este proyecto.

Kenneth Onwuka Dike

Diop no fue el único.

En Nigeria, Kenneth Onwuka Dike desarrolló una importante obra historiográfica.

En 1956 publicó Trade and Politics in the Niger Delta, 1830-1885, un estudio sobre las relaciones económicas y políticas del delta del Níger.

Su trabajo contribuyó al desarrollo de una historiografía en la que las sociedades africanas aparecían como protagonistas de procesos políticos y económicos, y no simplemente como objetos pasivos de la expansión europea.

Esto es importante.

Porque la historia de África no consiste únicamente en estudiar qué hicieron los europeos en África.

Consiste también en estudiar qué hicieron los africanos.

La historia de África no es la historia de los europeos en África

Esta diferencia parece sencilla, pero resulta fundamental.

Durante siglos, gran parte de la documentación europea sobre África fue producida por exploradores, comerciantes, misioneros, militares y administradores.

Esas fuentes son importantes.

Pero tienen sus propios puntos de vista y limitaciones.

Si utilizamos exclusivamente esas fuentes, podemos terminar contando principalmente la historia de los europeos en África.

Y eso es precisamente lo que Hugh Trevor-Roper llegó a afirmar.

Hugh Trevor-Roper

Trevor-Roper fue uno de los historiadores británicos más conocidos del siglo XX y ocupó la cátedra Regius de Historia Moderna en Oxford.

En una conferencia emitida por la BBC y posteriormente publicada en The Rise of Christian Europe, afirmó:

«Perhaps in the future there will be some African history to teach. But at present there is none, or very little: there is only the history of the Europeans in Africa. The rest is largely darkness... And darkness is not a subject for history.»

En español:

«Quizá en el futuro haya alguna historia africana que enseñar. Pero actualmente no hay ninguna, o muy poca: sólo existe la historia de los europeos en África. El resto es en gran medida oscuridad... Y la oscuridad no es un tema para la historia».

La cita aparece documentada en The Rise of Christian Europe, p. 9.

Pero Trevor-Roper fue todavía más explícito.

En otro texto afirmó:

«It follows that the study of history is and must be Eurocentric.»

Es decir:

«Se sigue que el estudio de la historia es y debe ser eurocéntrico».

La afirmación aparece en su artículo «The Past and the Present: History and Sociology», publicado en Past and Presenten 1969.

Aquí ya no tenemos que interpretar demasiado.

El propio autor utilizó el término eurocéntrico.

Hegel y Trevor-Roper

Hegel y Trevor-Roper vivieron en épocas muy diferentes y sus sistemas intelectuales no fueron idénticos.

No debemos convertirlos en una misma persona ni atribuirles exactamente las mismas ideas.

Pero existe una semejanza evidente en sus afirmaciones sobre África.

Hegel había considerado que África no era una parte histórica del mundo y que no tenía movimiento o desarrollo que mostrar.

Trevor-Roper afirmó más de un siglo después que apenas había historia africana que enseñar y que el pasado africano era «oscuridad».

La cuestión es especialmente llamativa porque Trevor-Roper realizó esta afirmación en una época en la que la investigación histórica sobre África ya estaba desarrollándose de manera importante.

Una historiografía africana en crecimiento

Mientras Trevor-Roper afirmaba que había poca o ninguna historia africana que enseñar, otros investigadores estaban demostrando precisamente lo contrario.

Jan Vansina estudiaba las tradiciones orales.

Kenneth Dike investigaba la historia económica y política de Nigeria.

Cheikh Anta Diop estudiaba las civilizaciones africanas y su lugar en la historia universal.

Otros investigadores trabajaban sobre arqueología, lingüística, manuscritos y fuentes africanas.

La historiografía africana no estaba esperando a que Europa descubriera que África tenía pasado.

Ya estaba investigándolo.

La Historia General de África de UNESCO

En 1964, mientras numerosos Estados africanos alcanzaban la independencia, UNESCO puso en marcha uno de los proyectos historiográficos más importantes del siglo XX:

la Historia General de África.

El objetivo era estudiar la historia del continente desde una perspectiva africana.

El proyecto reunió durante décadas a más de 550 historiadores y especialistas africanos e internacionales y estuvo supervisado por un Comité Científico Internacional compuesto en dos terceras partes por miembros africanos.

La obra no se limitó a estudiar el período colonial.

Su estructura comienza con la prehistoria y las antiguas civilizaciones africanas y continúa con la historia medieval, moderna y contemporánea del continente.

La UNESCO incluye entre sus volúmenes uno dedicado a la metodología y la prehistoria africanas y otro específicamente a las civilizaciones antiguas de África.

Esto resulta especialmente significativo.

Porque demuestra que la historia africana no necesita ser reconstruida únicamente a partir del momento en que llegaron los europeos.

Tiene miles de años de historia anterior.

África no es una sola historia

También debemos evitar otro error.

Reivindicar la historia africana no significa presentar África como una civilización única.

África es un continente enorme.

Sus sociedades han sido extraordinariamente diversas.

No podemos colocar en una misma categoría a Egipto, Kush, Aksum, Mali, Kongo, Benín y Gran Zimbabue como si hubieran formado una única civilización.

No la formaron.

Cada una tuvo su propio contexto histórico.

Sus propias instituciones.

Sus propias religiones.

Sus propias estructuras económicas.

Sus propias relaciones con otros pueblos.

Precisamente por eso hablamos de historias africanas.

Y todas ellas forman parte de la historia del continente.

Tampoco se trata de idealizar África

Reconocer la existencia de civilizaciones africanas tampoco significa presentar el pasado africano como una especie de edad dorada.

Las sociedades africanas tuvieron guerras.

Conflictos.

Esclavitud.

Desigualdades.

Luchas políticas.

Expansiones territoriales.

Cambios religiosos.

Crisis y transformaciones.

Como cualquier otra sociedad humana.

Precisamente por eso son sociedades históricas.

No necesitamos idealizarlas para reconocer su importancia.

La historia no consiste en presentar pueblos perfectos.

Consiste en estudiar lo que ocurrió.

África tiene historia

Y llegamos nuevamente al título de este artículo.

«África no tiene historia».

Después de todo lo que hemos visto, la afirmación resulta difícil de sostener.

África tiene historia.

Tiene una de las historias más antiguas de la humanidad.

Tiene civilizaciones.

Tiene Estados.

Tiene ciudades.

Tiene redes comerciales.

Tiene tradiciones intelectuales.

Tiene manuscritos.

Tiene monumentos.

Tiene tradiciones orales.

Tiene arqueología.

Tiene lenguas y culturas que permiten reconstruir procesos históricos de enorme complejidad.

Y, sobre todo, tiene sociedades que fueron protagonistas de su propio pasado.

El problema nunca fue que África no tuviera historia.

El problema fue que durante mucho tiempo determinadas formas de escribir la historia no supieron, no quisieron o no pudieron reconocerla.

Hegel lo expresó desde su filosofía de la historia.

Trevor-Roper lo expresó todavía en pleno siglo XX.

Frente a ellos surgieron investigadores africanos y africanistas que demostraron que el continente podía y debía ser estudiado como sujeto histórico.

Cheikh Anta Diop fue una de las figuras más importantes de esa transformación.

La historiografía africana posterior amplió enormemente nuestro conocimiento.

Y la Historia General de África de UNESCO reunió buena parte de ese esfuerzo en una obra de dimensiones extraordinarias.

Por tanto, quizá la pregunta nunca debió ser:

¿Tiene África historia?

La pregunta correcta es otra:

¿Por qué hubo quienes durante tanto tiempo afirmaron que no la tenía?

Y la respuesta nos lleva directamente a la historia del eurocentrismo, del colonialismo y de las teorías raciales que, en determinados momentos, situaron a Europa como medida universal del desarrollo humano.

Pero ninguna de esas ideas puede borrar el pasado.

África estaba allí antes de que Europa la describiera.

Sus pueblos construyeron Estados.

Sus sociedades crearon culturas.

Sus comerciantes recorrieron largas distancias.

Sus gobernantes ejercieron el poder.

Sus sabios transmitieron conocimientos.

Sus artesanos levantaron ciudades y monumentos.

Sus generaciones conservaron la memoria de las anteriores.

África tenía historia.

Y la sigue teniendo.

Bibliografía y fuentes

Fuentes primarias

  • Hegel, Georg Wilhelm Friedrich. Lectures on the Philosophy of World History. La sección dedicada a África contiene las afirmaciones citadas en este artículo.
  • Trevor-Roper, Hugh. The Rise of Christian Europe. Londres: Thames and Hudson, 1965/1966, p. 9.
  • Trevor-Roper, Hugh. «The Past and the Present: History and Sociology». Past and Present, n.º 42, 1969, pp. 3-17.
  • Diop, Cheikh Anta. Nations nègres et culture. París: Éditions africaines, 1954.
  • Dike, Kenneth Onwuka. Trade and Politics in the Niger Delta, 1830-1885. Oxford: Clarendon Press, 1956.

Historiografía africana

  • Vansina, Jan. Oral Tradition as History. Madison: University of Wisconsin Press, 1985.
  • Ki-Zerbo, Joseph (ed.). General History of Africa, I: Methodology and African Prehistory. UNESCO.
  • UNESCO. General History of Africa. Colección de volúmenes dedicados a la historia africana desde la prehistoria hasta la época contemporánea.

Fuentes institucionales

  • UNESCO. General History of Africa.