domingo, 21 de agosto de 2016

Diolas





El pueblo diola, llamado también Jola o Joola, es un pueblo de África occidental que vive principalmente en Senegal, Gambia y Guinea-Bisáu, especialmente en la región de Casamance, en el sur de Senegal, y en las zonas fronterizas de Gambia y Guinea-Bisáu. Se trata, además, de un conjunto de comunidades que históricamente han estado muy fragmentadas y organizadas en diferentes grupos y territorios. Algunos grupos jola se han denominado tradicionalmente Ajamat o Ajamatau, aunque esta denominación no debe entenderse necesariamente como una autodenominación utilizada de la misma manera por todos los grupos jola.

Al igual que ocurre con otros pueblos de Senegambia, existen tradiciones orales que relacionan los antiguos orígenes de los antepasados de los Diola con regiones situadas mucho más al este, llegando algunas narraciones hasta el valle del Nilo y relacionándolos posteriormente con el mundo mandinga. Según estas tradiciones, diferentes movimientos de población habrían llevado a grupos que posteriormente formarían parte del mundo jola hacia la región de Casamance, Gambia y Guinea-Bisáu. Sin embargo, estas narraciones deben entenderse como parte de la memoria y tradición oral y no como un hecho histórico demostrado. La investigación arqueológica, por su parte, muestra una presencia humana antigua en la Baja Casamance desde al menos el siglo II a. C., mientras que los estudios lingüísticos relacionan las lenguas jola con otras lenguas de la región de Guinea-Bisáu.

Los Diola convivieron históricamente con numerosos pueblos de la región, entre ellos wolof, serer, fulbe, mandingas, bainuk y balanta, entre otros. Las relaciones entre estos pueblos fueron variadas y estuvieron marcadas tanto por el comercio y los intercambios culturales como por las alianzas, los matrimonios, los conflictos y las migraciones. La historia de los Diola no puede entenderse, por tanto, como la de un pueblo aislado, sino como parte de la compleja historia de Senegambia y de la Alta Guinea.

Dentro del mundo jola existen numerosos subgrupos y comunidades, entre ellos los Ajamat, Kassa, Fogni, Blouf o Blouff, Bandial y Karone, entre otros. Estos grupos presentan diferencias lingüísticas, religiosas y culturales, aunque comparten numerosos elementos históricos y culturales. Algunos grupos, especialmente en las zonas de Fogni, mantuvieron intensas relaciones con los pueblos mandingas, llegando a producirse intercambios culturales, matrimonios y relaciones de parentesco. También existieron influencias mutuas en las costumbres, las tradiciones y las formas de organización social.

Las relaciones entre Diola y mandingas fueron especialmente importantes en algunas zonas de Casamance. En determinadas tradiciones históricas se recuerda incluso la existencia de vínculos de parentesco entre familias gobernantes mandingas y grupos diola. Estas relaciones muestran que las fronteras culturales entre los diferentes pueblos de la región nunca fueron completamente rígidas: existieron matrimonios mixtos, intercambios de nombres y linajes, adopción de determinadas costumbres y una intensa convivencia entre comunidades.

Los Diola desarrollaron además una reputación de pueblo resistente a la dominación externa. Durante la expansión de la trata atlántica mostraron, en determinadas regiones y periodos, una fuerte resistencia a la captura y comercialización de personas. La investigación de Olga F. Linares señala precisamente que las características políticas y sociales de muchas comunidades jola, organizadas de manera descentralizada, contribuyeron a retrasar el desarrollo de determinadas formas de esclavitud. Sin embargo, esto no significa que los Diola fueran completamente ajenos a la esclavitud: con el tiempo existieron capturas, incorporación de cautivos y otras formas de dependencia dentro de algunas comunidades. Por ello, es más correcto hablar de una resistencia histórica a determinadas formas de dominación y de trata, en lugar de afirmar que todos los Diola rechazaron la esclavitud en cualquier circunstancia.

Esta característica de autonomía y resistencia también estuvo relacionada con su organización política. Muchas sociedades jola tradicionales fueron descentralizadas y relativamente igualitarias, sin una monarquía central comparable a la de los Wolof, Serer o Mandingas. La autoridad se encontraba distribuida entre familias, aldeas, grupos de edad, autoridades religiosas y otros representantes de la comunidad. Por ello, los Diola pudieron mantener durante mucho tiempo un elevado grado de autonomía frente a los poderes políticos de su entorno.

Por ello, no sería correcto afirmar que «nadie logró colonizar completamente a los Diola», ya que la Casamance terminó siendo incorporada al sistema colonial francés. Sin embargo, sí podemos señalar que las estructuras políticas descentralizadas de muchas comunidades jola hicieron especialmente difícil su sometimiento y favorecieron una larga tradición de autonomía, resistencia y defensa de las instituciones locales.

En materia religiosa, los Diola presentan una realidad diversa. El islam y el cristianismo tienen actualmente una presencia importante, pero también continúan existiendo comunidades y prácticas vinculadas a las antiguas religiones tradicionales. La situación varía considerablemente según el subgrupo y la región: por ejemplo, los Joola de Kassa han conservado una fuerte vinculación con las tradiciones ancestrales, mientras que en otras zonas, como Blouf y Fogni, la influencia del islam ha sido mayor. También existen comunidades cristianas. En muchos casos, las nuevas religiones han coexistido con prácticas y concepciones religiosas tradicionales.

La vida social tradicional de los Diola se organizaba alrededor de familias, linajes y comunidades locales, aunque las formas concretas de organización variaban considerablemente entre los diferentes grupos. Tampoco podemos afirmar de manera general que «los hombres vivían en casas redondas y las mujeres en casas rectangulares» o que la herencia siguiera siempre exactamente una línea paterna, pues la organización doméstica, la residencia y los derechos sobre la tierra presentan diferencias importantes entre las comunidades jola. Los estudios de Linares muestran precisamente que las relaciones de parentesco, residencia, género y acceso a la tierra podían variar considerablemente entre diferentes comunidades.

La sociedad Diola ha sido descrita tradicionalmente como una sociedad sin un sistema de castas comparable al existente entre otros pueblos de Senegambia. No existía una división rígida entre nobles, griots, artesanos y esclavos como la que encontramos, por ejemplo, en determinados sistemas sociales wolof o mandingas. Sin embargo, esto no significa que fuera una sociedad completamente homogénea: existían diferencias relacionadas con la edad, el género, el linaje, la autoridad religiosa, la riqueza y el acceso a la tierra y al trabajo.

Entre los valores tradicionalmente asociados a numerosas comunidades jola encontramos la autonomía, la libertad, la solidaridad comunitaria, el respeto a los antepasados, la protección de la comunidad, el trabajo, el honor y el respeto por la naturaleza. Estos principios se encuentran relacionados con sus sistemas religiosos, sus instituciones comunitarias y sus formas tradicionales de organización. La importancia concedida a la autonomía y a la defensa de la comunidad ayuda a comprender parte de su historia de resistencia frente a diferentes poderes externos.

Esta tradición de autonomía se manifestó también durante el periodo colonial. Los Diola participaron en diferentes formas de resistencia frente a la administración francesa y, como otros pueblos de África occidental, estuvieron afectados por el reclutamiento militar colonial durante las dos guerras mundiales. No obstante, esta cuestión merece ser tratada con mayor detalle en un apartado específico para no generalizar la experiencia de todos los grupos jola.


De hecho, existe un fuerte vínculo histórico y cultural entre los pueblos diola de Senegal y las comunidades jola de Gambia y Guinea-Bisáu, debido a que las fronteras actuales separaron territorios y comunidades que durante siglos mantuvieron relaciones familiares, comerciales y culturales. Gambia es un país de mayoría musulmana, mientras que en la región de Casamance existe una importante diversidad religiosa, con comunidades musulmanas, cristianas y seguidores de las religiones tradicionales. Esta diversidad también se refleja entre los propios Diola, dependiendo de la región y del grupo al que pertenezcan.

Los Diola también son conocidos por sus luchas tradicionales, una práctica de gran importancia cultural en diferentes comunidades de Casamance y otras zonas donde viven los Jola. Estas luchas pueden estar vinculadas a ceremonias, festividades y formas de demostrar fuerza, valor y habilidad, especialmente entre los jóvenes. Sin embargo, no debe entenderse que todos los niños y jóvenes diola participen obligatoriamente en ellas desde los siete años, pues las edades, modalidades y funciones de estas prácticas varían según la comunidad.

Uno de los elementos más importantes de la cultura tradicional de determinados grupos Diola es el bukut, un complejo rito de iniciación masculino que incluye la circuncisión y que marca el paso de los jóvenes hacia la edad adulta. El bukut no es simplemente una ceremonia de circuncisión, sino un proceso mucho más amplio que implica iniciación, transmisión de conocimientos, vínculos entre generaciones, relaciones familiares y cohesión comunitaria. Su duración y las ceremonias que lo acompañan pueden variar considerablemente según la comunidad. Los estudios etnohistóricos señalan, además, que el bukut constituye uno de los elementos fundamentales de la identidad cultural de numerosos grupos jola de Casamance.

El bukut puede considerarse, por tanto, uno de los grandes elementos de cohesión de la cultura Diola. La ceremonia no solamente marca la entrada de los jóvenes varones en la edad adulta, sino que también refuerza los vínculos entre familias y comunidades y permite transmitir conocimientos, valores, tradiciones y responsabilidades sociales de una generación a otra. Por esta razón, su importancia va mucho más allá de la propia circuncisión.

La antigüedad y las características de estos ritos de iniciación han despertado también el interés de investigadores y antropólogos, que han estudiado sus posibles relaciones con otras tradiciones de iniciación existentes en África occidental. Sin embargo, no existe una demostración histórica que permita afirmar que el bukut procede directamente de determinados pueblos o de las llamadas «tribus perdidas de Dan», por lo que esta cuestión debe considerarse una hipótesis o una cuestión abierta de investigación y no un origen demostrado.




La religión tradicional de los Diola constituye una parte fundamental de su cultura y de su concepción del mundo. En numerosas comunidades jola existe la creencia en un Dios creador supremo, aunque su nombre y las formas de concebirlo pueden variar según el grupo y la región. Entre los Jola de la Baja Casamance aparece el nombre Atemit, asociado al Dios creador y a una realidad superior que se encuentra por encima del mundo visible.

Dentro de esta concepción religiosa, el mundo visible y el mundo espiritual se encuentran estrechamente relacionados. Los antepasados ocupan un lugar importante en la vida religiosa y comunitaria, y existen diferentes prácticas destinadas a mantener la relación entre los vivos, los muertos y las fuerzas espirituales. Por ello, la religión tradicional no se limita a un conjunto de creencias, sino que está profundamente vinculada a la organización de la comunidad, la familia, la naturaleza y las distintas etapas de la vida.

Los Diola también conceden una gran importancia a la naturaleza y a los lugares sagrados. Determinados bosques, árboles, fuentes y otros espacios naturales pueden poseer un carácter religioso y estar vinculados a determinadas fuerzas espirituales. En este contexto aparecen los Boechin, término utilizado en algunas comunidades jola para referirse a determinadas entidades o fuerzas espirituales vinculadas al mundo invisible. No obstante, su significado y función pueden variar entre los diferentes grupos Diola, por lo que no deben entenderse simplemente como «espíritus de la naturaleza» en el sentido occidental.

El respeto por los antepasados, por la naturaleza y por las normas tradicionales forma parte de la vida religiosa de muchas comunidades jola. Las ceremonias religiosas pueden incluir oraciones, sacrificios y ofrendas, así como diferentes rituales destinados a establecer o mantener la relación con las fuerzas espirituales y con los antepasados. Estas prácticas están relacionadas con la protección de la comunidad, la salud, la fertilidad, las cosechas, la transición entre diferentes etapas de la vida y otros aspectos fundamentales de la existencia.

Las ceremonias de iniciación tienen asimismo una gran importancia. En diferentes comunidades jola existen procesos de iniciación relacionados con las distintas etapas de la vida y con la transmisión de conocimientos religiosos y sociales. Los hombres y las mujeres pueden ser iniciados mediante ceremonias diferenciadas y en determinados contextos existen bosques sagrados destinados a estos procesos de iniciación. Los iniciados reciben conocimientos que no necesariamente son transmitidos al conjunto de la comunidad, y algunos de aquellos que alcanzan determinados niveles de conocimiento religioso pueden desempeñar funciones de autoridad espiritual.

Entre las ceremonias de iniciación masculina destaca nuevamente el bukut, que incluye la circuncisión y representa el paso de los jóvenes a la edad adulta. Como hemos señalado anteriormente, el bukut no debe entenderse únicamente como una ceremonia de circuncisión, sino como un complejo proceso de iniciación, aprendizaje, transmisión de conocimientos y fortalecimiento de los vínculos entre generaciones y comunidades.

La concepción tradicional jola también concede una gran importancia a la autonomía y a la libertad individual y comunitaria. La ausencia histórica de una autoridad política centralizada en muchas comunidades y la importancia concedida a la responsabilidad de las familias y de las comunidades locales contribuyeron a desarrollar una fuerte valoración de la independencia. Esto ayuda a comprender la resistencia que diferentes comunidades jola mostraron frente a las imposiciones de poderes externos.

Los conflictos entre determinadas comunidades Diola y las autoridades administrativas de Senegal después de la independencia deben entenderse dentro de un contexto histórico mucho más amplio. En ellos han intervenido cuestiones relacionadas con la identidad, la autonomía, la tierra, la economía, la organización política y las reivindicaciones culturales de Casamance. Por ello, sería demasiado simplista atribuir el conflicto exclusivamente a la defensa de la religión tradicional, aunque la identidad cultural y las tradiciones locales sí forman parte de este complejo proceso histórico.

Con la llegada del cristianismo y del islam, la realidad religiosa de los Diola comenzó a transformarse. El cristianismo fue introducido y difundido durante el periodo colonial, mientras que el islam también se extendió entre diferentes comunidades jola, especialmente a través de sus relaciones con pueblos musulmanes vecinos y de las redes comerciales y religiosas de Senegambia.

En la actualidad, muchos Diola son cristianos o musulmanes, mientras que otros mantienen las religiones tradicionales. También existen diferentes formas de sincretismo religioso, en las que elementos de las antiguas tradiciones jola pueden coexistir con prácticas cristianas o musulmanas. La religión tradicional, por tanto, no ha desaparecido completamente, aunque su práctica exclusiva se encuentra mucho más reducida que en el pasado en numerosas comunidades.

Entre los grupos que conservan con mayor fuerza las tradiciones religiosas ancestrales se encuentran comunidades de Kassa y otras zonas de la Baja Casamance, aunque la situación varía considerablemente de una comunidad a otra. Para muchos Diola, incluso cuando profesan el cristianismo o el islam, determinadas costumbres, ceremonias, lugares sagrados y concepciones heredadas de sus antepasados continúan formando parte de su identidad cultural.

Por ello, la religión tradicional jola no debe contemplarse únicamente como una religión del pasado. Para muchos Diola constituye también una parte de su memoria, identidad y patrimonio cultural, y su conservación se encuentra vinculada a la defensa de determinadas tradiciones, ceremonias, conocimientos y relaciones con la comunidad y con la naturaleza.




Al igual que ocurre con los Wolof, la diáspora senegalesa ha llevado a numerosos Diola fuera de África occidental. Actualmente pueden encontrarse comunidades diola en países como España, Estados Unidos, Canadá, Francia y otros lugares, manteniendo en muchos casos vínculos familiares, culturales y sociales con Senegal, Gambia y Guinea-Bisáu. La emigración ha permitido además que determinadas tradiciones, lenguas, costumbres y formas de organización comunitaria continúen presentes fuera de su territorio de origen.

También hay que señalar que diferentes comunidades Diola mostraron una importante resistencia frente a la expansión colonial francesa. Esta resistencia estuvo relacionada con la defensa de la autonomía de las comunidades locales y con el rechazo a determinadas formas de control administrativo, reclutamiento, impuestos y ocupación del territorio. Sin embargo, al igual que ocurre con otros pueblos africanos, la relación con el poder colonial no fue idéntica en todas las comunidades ni en todos los periodos históricos.

Entre los apellidos asociados a familias y comunidades diola encontramos, entre otros:

Adioye, Assine, Biagui, Badiane, Badiate, Badji, Bassène, Bodian, Batendeng, Batiga, Coly, Deme, Diabone, Diamacoune, Diatta, Diadhiou, Diamé, Diandy, Diassy, Diédhiou, Dième, Djiba, Djibalène, Djiboune, Djicoune, Djihounouck, Ehemba, Goudiaby, Himbane, Lambal, Mané, Manga, Niassy, Ngandoul, Nyafouna, Sadio, Sagna, Sambou, Sané, Senghor, Sonko, Tamba y Tendeng.

No obstante, los apellidos no deben utilizarse por sí solos para determinar de manera absoluta la pertenencia étnica de una persona, ya que existen matrimonios mixtos, migraciones históricas, cambios de identidad y apellidos compartidos entre diferentes pueblos de Senegambia y Guinea-Bisáu. Por ello, esta lista debe entenderse como una relación de apellidos frecuentemente asociados al mundo diola, y no como una clasificación étnica absoluta.



Casamance tierra diola



La Casamance es una región histórica y natural situada en el sur de Senegal, entre Gambia y Guinea-Bisáu, atravesada por el río que lleva su mismo nombre. Se trata de una región de gran diversidad étnica, lingüística y religiosa, aunque los Diola son el grupo étnico predominante especialmente en la Baja Casamance, correspondiente principalmente a la actual región de Ziguinchor. En las zonas de la Casamance Media y Alta existe una composición mucho más diversa, con una importante presencia de mandingas, peul, balanta, bainuk, diola y otros pueblos.

La diversidad religiosa también es una de las características de Casamance. Aunque el islam es mayoritario en buena parte de la región, especialmente en la Casamance Media y Alta, también existe una importante presencia cristiana, particularmente católica, además de comunidades que mantienen prácticas y tradiciones religiosas ancestrales. En determinadas zonas de la Baja Casamance, la presencia del cristianismo y de las religiones tradicionales es especialmente importante. Por ello, Casamance presenta una realidad religiosa más diversa que otras regiones de Senegal, país cuya población es mayoritariamente musulmana.

Casamance posee además una importante historia de resistencia frente al colonialismo y de defensa de las identidades y autonomías locales. Entre las figuras históricas vinculadas a la resistencia anticolonial destacan Djignabo Bassène y Aline Sitoe Diatta, esta última convertida posteriormente en uno de los grandes símbolos de la resistencia de Casamance frente a la administración colonial francesa.

La región posee importantes centros urbanos y turísticos. En la Baja Casamance, dentro de la región de Ziguinchor, destacan Ziguinchor, Bignona y Oussouye, además de localidades y zonas turísticas como Cap Skirring y Kafountine. En la Casamance Media y Alta destacan Sédhiou, Kolda y Vélingara, entre otras localidades.

Tradicionalmente se distingue entre la Baja Casamance, correspondiente principalmente a la región de Ziguinchor; la Casamance Media, asociada actualmente a la región de Sédhiou; y la Alta Casamance, correspondiente principalmente a la región de Kolda. Esta división refleja una concepción histórica y geográfica de la región que no coincide exactamente con las fronteras administrativas actuales. Desde 2008, la Casamance natural está formada por las tres regiones administrativas de Ziguinchor, Sédhiou y Kolda.

Tambacounda, por su parte, estuvo vinculada a la Casamance histórica en determinadas delimitaciones y concepciones territoriales, pero actualmente pertenece a la región de Tambacounda y no forma parte de las tres regiones que constituyen la Casamance natural. Por ello, es más correcto hablar de su vinculación con la Casamance histórica que incluirla directamente dentro de la Casamance actual. 



Bibliografía y referencias

  • Linares, Olga F. Power, Prayer and Production: The Jola of Casamance, Senegal. Cambridge: Cambridge University Press, 1992. Obra fundamental para el estudio de la sociedad Diola/Jola de Casamance, especialmente en aspectos relacionados con la organización social, agricultura, relaciones de parentesco, género, religión, islamización, poder y economía.
  • Linares, Olga F. «Deferring to Trade in Slaves: The Jola of Casamance, Senegal in Historical Perspective». History in Africa, vol. 14, 1987, pp. 113–139. Estudio sobre las relaciones de las sociedades Jola con la esclavitud, la captura de personas y la trata atlántica, así como sobre las razones históricas que contribuyeron a que determinadas comunidades Jola desarrollaran tardíamente instituciones esclavistas.
  • Linares, Olga F. «Kuseek and Kuriimen: Wives and Kinswomen in Jola Society». Canadian Journal of African Studies, vol. 22, n.º 3, 1988, pp. 472–490. Referencia complementaria para aspectos relacionados con las relaciones familiares, el parentesco y la posición de las mujeres en la sociedad Jola.
  • Linares, Olga F. «Households among the Diola of Senegal: Should Norms Enter by the Front or the Back Door?». En Households: Comparative and Historical Studies of the Domestic Group, 1984, pp. 407–445. Referencia para el estudio de la organización doméstica y familiar entre los Diola.
  • de Jong, Ferdinand. Estudios sobre los ritos de iniciación, el bukut, la identidad y las relaciones de poder en las sociedades Jola de Casamance. Referencia utilizada para contextualizar la importancia cultural del bukut y los procesos de iniciación.
  • Ikuska. «Diola / Jola». Información sobre África. Fuente complementaria para aspectos generales relacionados con la distribución geográfica, población, cultura y religión de los Diola.
  • Fuentes complementarias sobre Casamance, utilizadas para contextualizar la división territorial entre Baja, Media y Alta Casamance, así como su diversidad étnica, religiosa e histórica.

Investigación personal

Investigación personal: Oumar Xavier

A través de África
Difusión de la historia africana desde una perspectiva africana, con interés en la divulgación rigurosa y crítica de la historia y las sociedades africanas.





domingo, 14 de agosto de 2016

Wolofs






Los wolof son un pueblo de África occidental que se extiende principalmente por Senegal, Gambia y Mauritania, aunque también existen comunidades wolof en Malí, especialmente en la región de Kayes. En Senegal constituyen el principal grupo étnico, representando aproximadamente el 40 % de la población, aunque la influencia del pueblo y de su lengua es mucho mayor que ese porcentaje debido a la utilización del wolof como lengua de comunicación entre personas de diferentes grupos étnicos.

Su idioma, el wolof, cuenta con más de 8 millones de hablantes si tenemos en cuenta tanto a quienes lo tienen como primera lengua como a quienes lo utilizan como segunda lengua. De hecho, el wolof se ha convertido en una de las principales lenguas de comunicación de Senegal y tiene una presencia especialmente fuerte en las ciudades. También es hablado en Gambia y Mauritania, mientras que en Senegal convive con otras lenguas nacionales y con el francés, que continúa siendo la lengua oficial del Estado.

En cuanto a la religión, los wolof son predominantemente musulmanes suníes, con una fuerte presencia de las grandes cofradías sufíes que han tenido un enorme peso en la historia religiosa y social de Senegal. El islam ha desempeñado un papel fundamental en la sociedad wolof, aunque también han sobrevivido elementos de las antiguas tradiciones religiosas africanas. Asimismo, existen minorías cristianas y personas que mantienen determinadas prácticas y creencias tradicionales.


Se cree que los orígenes de los wolof son anteriores a la formación de los grandes imperios medievales de África occidental, aunque durante mucho tiempo se ha sostenido la idea de que algunos de sus antepasados emigraron hacia el territorio de la actual Senegal tras la desintegración del antiguo Imperio de Ghana, durante los siglos XI y posteriores. Esta interpretación aparece en algunas reconstrucciones históricas, pero no podemos afirmar que todos los wolof procedieran de una única migración desde Ghana. Los orígenes del pueblo wolof son más complejos y se relacionan con los diferentes movimientos de población que tuvieron lugar en Senegambia durante la Edad Media. Las evidencias arqueológicas tampoco permiten establecer de manera definitiva una migración concreta que pueda identificarse exclusivamente como “la llegada de los wolof”.

Las tradiciones orales de los wolof y de otros pueblos de Senegambia conservan relatos sobre sus antiguos gobernantes, migraciones y fundadores. Algunas de estas tradiciones remontan los acontecimientos a los siglos XII y XIII y relacionan los orígenes de determinados linajes con poblaciones fulbe o fulani. Sin embargo, estas narraciones deben entenderse como parte de la tradición oral y no necesariamente como hechos históricos demostrados. La figura de Ndiadiane Ndiaye, considerado tradicionalmente fundador del Imperio Jolof, es un buen ejemplo de esta combinación entre memoria histórica, tradición y elementos legendarios.

Los wolof cuentan además con una importante tradición de griots, conocidos en wolof como gewel, especialistas de la palabra que tradicionalmente transmitían de generación en generación genealogías, historias, relatos, alabanzas y la memoria de las familias y de los gobernantes. No eran simplemente “contadores de historias”, sino personas que desempeñaban una función social muy importante dentro de la sociedad, conservando y transmitiendo conocimientos que en buena medida dependían de la tradición oral. Los griots formaban parte de un sistema social de grupos profesionales hereditarios existente entre los wolof y otros pueblos de África occidental.

Gracias a esta tradición oral podemos conocer numerosos aspectos del pasado wolof que no quedaron registrados inicialmente por escrito. Sin embargo, al estudiar estas tradiciones debemos distinguir entre memoria histórica, genealogía, tradición y hecho documental, ya que las narraciones transmitidas oralmente pueden incorporar elementos simbólicos y legendarios junto a recuerdos de acontecimientos reales.

Se sabe que antiguamente la región de Senegambia estuvo marcada por constantes luchas entre diferentes grupos, reinos y linajes que aspiraban a controlar las tierras, las rutas comerciales y las poblaciones. Con el paso del tiempo fueron surgiendo diferentes formaciones políticas, entre ellas Jolof, Waalo, Cayor y Baol, mientras que otros territorios estaban habitados por pueblos serer, fulbe, mandinga y otros grupos de la región. El poder político fue cambiando constantemente mediante alianzas, guerras, rebeliones y disputas entre gobernantes.


                                            estados que conformaban el imperio wolof antes de separarse

Posteriormente daría inicio el llamado Imperio Jolof o Wolof, una de las grandes formaciones políticas de la Senegambia medieval. Su historia fue larga, pero no permaneció durante más de 800 años como un imperio centralizado e ininterrumpido. Con el paso del tiempo, el poder del Jolof fue cambiando y, especialmente a partir de los siglos XVI y XVII, fueron adquiriendo cada vez mayor importancia diferentes Estados wolof, como Cayor, Baol, Waalo y el propio Jolof.

El Imperio Jolof llegó a estar formado por diferentes territorios y Estados vinculados entre sí bajo la autoridad de un soberano, conocido como Buurba Jolof. Su posición dentro de las redes políticas de África occidental fue cambiando con el tiempo y estuvo relacionada con otros grandes poderes de la región. No debemos entenderlo simplemente como un Estado aislado, sino como parte de un espacio político y comercial en el que también tuvieron importancia los imperios de Ghana y Mali, así como los pueblos mandinga, serer, fulbe y otros grupos de Senegambia.

El constante comercio con los europeos a través de la costa, especialmente con los portugueses desde el siglo XV, transformó progresivamente los equilibrios políticos y económicos de la región. El comercio atlántico, y posteriormente la trata de esclavos, tuvo una enorme repercusión sobre los Estados de Senegambia. Con el debilitamiento de la autoridad central del Jolof surgieron y se fortalecieron Estados wolof como Cayor, que llegó a convertirse en una de las principales potencias políticas de la región.

En los Estados wolof y serer, el rey no gobernaba de manera completamente absoluta. La autoridad del soberano estaba condicionada por otros jefes y dignatarios, y existían mecanismos políticos que limitaban su poder. Entre las figuras de autoridad destacaba el Jaraff, que desempeñaba importantes funciones políticas y participaba en la elección y legitimación del gobernante. El consentimiento de determinados grupos de hombres libres y de los principales jefes era fundamental para el funcionamiento del Estado. Por tanto, aunque existía una monarquía, el poder estaba distribuido entre diferentes autoridades y grupos sociales.

La principal actividad económica de los wolof fue tradicionalmente la agricultura, adaptada a las diferentes condiciones ecológicas de Senegal y Senegambia. El mijo y el sorgo tuvieron una enorme importancia como cultivos alimentarios, especialmente en las regiones más secas, mientras que el arroz adquirió una gran importancia en las zonas más húmedas. También se cultivaban diferentes legumbres y otros productos. Posteriormente, el cacahuete se convirtió en uno de los cultivos comerciales más importantes de Senegal, especialmente durante la época colonial, transformando profundamente la economía agrícola de la región.

También hay que señalar la importancia de la pesca y del arroz en la alimentación de las poblaciones de Senegal y de las regiones costeras y fluviales de Senegambia. La alimentación wolof tradicional se construyó, por tanto, a partir de una combinación de agricultura, pesca, ganadería y comercio, adaptándose a los diferentes ambientes de la región.

La sociedad wolof

Los wolof desarrollaron una sociedad con una estructura social compleja. Tradicionalmente se distinguían grandes categorías sociales como los géér, que agrupaban a las personas libres; los ñeeño, vinculados a diferentes profesiones y oficios considerados hereditarios; y los jaam, personas que se encontraban en diferentes situaciones de dependencia o esclavitud.

Dentro de estas categorías existían numerosas subdivisiones. Entre los géér se encontraban los grupos de nobleza y las personas dedicadas principalmente a la agricultura, mientras que entre los ñeeño se encontraban especialistas como herreros, trabajadores del cuero, tejedores, joyeros, músicos y griots. Los jaam, por su parte, podían encontrarse en diferentes situaciones y grados de dependencia. Por ello, no sería correcto reducir la sociedad wolof simplemente a tres “clases” completamente homogéneas.

Los matrimonios entre personas pertenecientes a determinados grupos sociales podían estar sometidos a fuertes restricciones y normas tradicionales. Estas diferencias sociales llegaron a tener una enorme importancia en la vida cotidiana y en la organización de las comunidades wolof, aunque también existieron mecanismos de movilidad y cambios de estatus a lo largo del tiempo.

Los wolof seguían además un complejo código de conducta basado en el estado social, la familia, el honor y las obligaciones hacia la comunidad. Una persona perteneciente a una posición social elevada estaba obligada a mantener determinadas normas de comportamiento, mostrando autodominio y dignidad, evitando acciones que pudieran deshonrar a su familia y cumpliendo sus obligaciones sociales y religiosas.

La sociedad wolof también desarrolló una importante cultura de la elegancia, la vestimenta y los adornos corporales. Las mujeres wolof son conocidas por sus elaborados vestidos y sofisticados peinados, y la moda y la estética wolof han tenido una influencia considerable sobre otros pueblos y sociedades de África occidental.

Tradicionalmente, una comunidad wolof podía estar formada por numerosas familias agrupadas alrededor de espacios comunes. Las viviendas podían construirse con diferentes materiales disponibles en cada región y se organizaban alrededor de patios y espacios familiares. En el centro de las comunidades existían lugares de reunión, mezquitas y otros espacios públicos donde se desarrollaba buena parte de la vida social.

Entre esos espacios tenía especial importancia la “casa de la palabra”, lugar asociado a las reuniones y a la transmisión oral de conocimientos. También se celebraban allí diferentes acontecimientos sociales, fiestas, bailes tradicionales y otras actividades comunitarias. La lucha senegalesa, conocida como laamb en wolof, se convertiría posteriormente en una de las expresiones deportivas y culturales más importantes de Senegal.

Tradicionalmente, los wolof eran gobernados por diferentes jefes pertenecientes a las familias y grupos de la nobleza. El poder no dependía únicamente de la sucesión hereditaria directa, sino también de complejos mecanismos de elección, legitimación y alianzas entre las familias gobernantes.

La riqueza generada por el comercio atlántico y, especialmente, por la trata de esclavos, transformó profundamente estos equilibrios. Durante varios siglos se produjeron luchas internas entre diferentes familias y gobernantes que competían por el poder, el control de las rutas comerciales y el acceso a los recursos. Los Estados wolof de Senegambia estuvieron, por tanto, sometidos a constantes cambios políticos, alianzas, guerras y rebeliones.

Los jefes locales desempeñaban funciones administrativas y políticas, participando en el mantenimiento del orden, la recaudación de tributos y la relación entre las comunidades locales y las autoridades superiores. El sistema político wolof no era, por tanto, una estructura absolutamente centralizada, sino una compleja red de soberanos, nobles, jefes locales, familias y autoridades religiosas.

Islam y tradición religiosa

En materia de religión, como señalé anteriormente, los wolof son actualmente predominantemente musulmanes suníes, y las cofradías sufíes han desempeñado un papel fundamental en la historia religiosa y social de Senegal. Sin embargo, la islamización de los wolof no fue un proceso instantáneo ni completamente uniforme. Durante siglos coexistieron las nuevas creencias islámicas con elementos de las antiguas tradiciones religiosas africanas.

A partir de los siglos XVIII y XIX, el islam adquirió una influencia cada vez mayor en la sociedad wolof, y posteriormente las cofradías sufíes se convertirían en instituciones fundamentales de la vida religiosa, económica y social de Senegal.

Uno de los personajes más importantes de esta historia fue Shaykh Amadou Bamba, fundador de la Muridiyya, una de las grandes cofradías sufíes de Senegal. Su discípulo Shaykh Ibrahima Fall se convirtió igualmente en una figura fundamental de la tradición muridí, especialmente a través de la rama conocida como Bay Fall.

La Muridiyya no fue solamente un movimiento religioso. Con el tiempo se convirtió también en una poderosa comunidad social y económica, profundamente vinculada a la historia del Senegal moderno. Muchos wolof pertenecen actualmente a diferentes turuq, o cofradías sufíes, entre ellas la Muridiyya, la Tijaniyya y la Qadiriyya.

Por ello, la sociedad wolof contemporánea no puede entenderse únicamente desde la perspectiva de su pasado preislámico. El islam, y particularmente el sufismo organizado en cofradías, forma parte fundamental de su identidad religiosa y social, aunque numerosos elementos de las antiguas tradiciones africanas continúan presentes en las costumbres, las concepciones familiares y la cultura popular.


                                            Shaykh Amadou Bamba

                                                     Shaykh Ibra Fall




Bibliografía y fuentes consultadas

  • Diop, Abdoulaye-Bara. La société wolof. Tradition et changement : les systèmes d'inégalité et de domination. Paris: Karthala, 1981; edición consultada/reeditada en 2012.
    Obra fundamental para el estudio de la estructura social wolof, castas, órdenes políticos, esclavitud, monarquía, islam, marabouts y confraternidades religiosas. El estudio combina investigación sociológica, observación directa, entrevistas y tradición oral.
  • Diop, Abdoulaye-Bara. La famille wolof. Tradition et changement. Paris: Karthala, 1985; edición consultada/reeditada en 2012.
    Referencia para aspectos relacionados con familia, parentesco, alianzas matrimoniales, estructuras sociales, castas y órdenes políticos y religiosos.
  • Charles, Eunice A. Precolonial Senegal: The Jolof Kingdom, 1800–1890. Boston: African Studies Center, Boston University, 1977.
    Estudio dedicado específicamente al Reino de Jolof, con contenidos sobre territorio, organización política, luchas sucesorias, gobernantes, jefes, Islam, griots, comercio y relaciones entre Jolof y otros territorios de Senegambia.
  • Cruise O'Brien, Donal B. The Mourides of Senegal: The Political and Economic Organization of an Islamic Brotherhood. Oxford: Clarendon Press, 1971.
    Estudio sobre la Muridiyya, su origen y desarrollo, autoridad religiosa, marabouts, discípulos, organización social y económica, agricultura y transformación de la sociedad senegalesa.
  • Ikuska. «Wolof». Información sobre África.
    Fuente complementaria para datos generales de población, distribución geográfica, lengua, cultura y religión wolof.
  • Investigación personal: Oumar Xavier.

Investigación y elaboración

Investigación personal: Oumar Xavier
A través de África — difusión de la historia africana desde una perspectiva africana, con interés en la divulgación rigurosa y crítica de la historia y las sociedades africanas.


viernes, 12 de agosto de 2016

Los Ashantis



                                           Bandera nacional y étnica de los ashantis


Llamados ashantis, aunque también ashantes o asantes, son un pueblo akan que vive principalmente en Ghana, país del África occidental situado entre Costa de Marfil y Togo, con Burkina Faso al norte. Los ashantis constituyen uno de los principales grupos étnicos de Ghana y ocupan principalmente la zona centro-sur del país, especialmente la región de Ashanti, cuya capital es Kumasi. Según la clasificación etnológica de Ikuska, otros grupos akanes como los akuapem y los fanti presentan también importantes vínculos culturales con el mundo asante.

De hecho, los ashantis conformaron una poderosa fuerza política en África occidental y el oro fue uno de los principales pilares de su poder económico. El Reino Asante tuvo sus orígenes en la unión de diversos clanes akanes durante el siglo XVII y su consolidación estuvo estrechamente relacionada con el comercio del oro. En 1697, Osei Tutu unificó bajo su autoridad a los principales grupos asante y consolidó el poderoso Estado que posteriormente llegaría a dominar una amplia parte de la región.

Su soberano era llamado Asantehene. Uno de los más importantes fue Osei Tutu, que estuvo acompañado por el sacerdote principal Okomfo Anokye, figura fundamental en la tradición política y religiosa asante. Juntos impulsaron importantes transformaciones en la organización del Estado, las leyes y las ceremonias de la realeza.

Osei Tutu convirtió el Taburete de Oro en uno de los mayores símbolos de la monarquía y, sobre todo, de la unidad del pueblo Asante. Según la tradición, el taburete descendió del cielo y simbolizaba la nación asante, por lo que no era simplemente un trono del soberano, sino un símbolo de la unidad política y espiritual del reino.

Durante el proceso de expansión colonial británica, los británicos comprendieron perfectamente la importancia simbólica del Taburete de Oro y trataron de utilizarlo para demostrar su autoridad sobre los ashantis. Sin embargo, el Taburete de Oro original no fue sustraído por los británicos. Los ashantis consiguieron ocultarlo, mientras que los británicos llegaron a utilizar un taburete como instrumento de humillación y sometimiento. Posteriormente, en 1935, el Taburete de Oro fue devuelto al nuevo Asantehene, Prempeh II, quien recuperó parte de las antiguas ceremonias y tradiciones de la monarquía.

La monarquía asante, aunque ya no constituye un Estado soberano independiente, continúa existiendo dentro de la Ghana moderna como institución tradicional. El Asantehene sigue teniendo una importante autoridad cultural, simbólica y social, especialmente en la región de Ashanti. El poder tradicional convive actualmente con las instituciones políticas de la República de Ghana.


                                             Asantehene Otumfuo Nana Osei Tutu II


Los ashantis se hicieron famosos por su joyería y en especial comercio de oro.
                                                        mujer ashanti con joyería tradicional.

Aunque hay que señalar que los Asante fueron una sociedad fuertemente militarizada y guerrera, especialmente durante el proceso de formación y expansión de su Estado. Tradicionalmente se ha relacionado el nombre Asante con las palabras twi ɔsa, “guerra”, y nti, “por causa de” o “debido a”, interpretándose así como “por causa de la guerra”. Esta explicación está relacionada con la formación de la unión Asante para enfrentarse al poderoso reino de Denkyira. (Manhyia Palace Museum and Archives)

Aunque, de lo que me acuerdo de una historia que me contaron hace tiempo mis mayores, desconozco si es cierta o no. Señalaron que una princesa ashanti y su pueblo cruzaban un río y el hijo de dicha princesa se ahogó, y que el grito “Asante” fue el que se escuchó. Algunos decían que significaba “se ahogó el niño”. No obstante, esta historia la presento como lo que es: una tradición oral que me fue transmitida, y no como una explicación etimológica históricamente demostrada.

Como señalé, era un pueblo también guerrero, que se mostró fiero ante el colonialismo inglés. Los Asante desarrollaron una importante tradición militar y, aunque utilizaban armas tradicionales como arcos y flechas, lanzas, cuchillos, machetes y espadas, también llegaron a utilizar armas de fuego, obtenidas principalmente mediante el comercio con europeos. Por tanto, no sería correcto afirmar que desconocían o no utilizaban armas de fuego; la cuestión es que su armamento y organización militar eran diferentes de los de los ejércitos europeos y, con el paso del tiempo, la superioridad tecnológica británica fue adquiriendo una importancia cada vez mayor.

El Estado Asante fue guerrero desde sus comienzos bajo Osei Tutu, quien, desde su base en Kumasi y con el apoyo de otros clanes akanes, se lanzó a la expansión militar y consiguió derrotar finalmente a Denkyira. Osei Tutu también fortaleció la unión de los diferentes estados akanes, que hasta entonces se encontraban políticamente fragmentados, creando una estructura política y militar mucho más poderosa. La victoria sobre Denkyira, especialmente la guerra de Feyiase a comienzos del siglo XVIII, fue fundamental para consolidar el poder Asante. (Encyclopaedia Africana)

No se puede negar que los Asante también tenían esclavos. Muchos eran enemigos capturados principalmente durante las guerras, aunque el estatus de las personas esclavizadas podía variar considerablemente. Algunos podían adquirir riqueza, casarse e integrarse en la sociedad de sus amos, mientras que otros sufrían condiciones mucho más duras. También existían prácticas de sacrificio de esclavos en determinados funerales de personas de alto rango, relacionadas con la creencia de que los sirvientes podían acompañar a sus amos en la otra vida. (Ikuska)

De hecho, puede sonar raro, pero los esclavos que adquirían cierto estatus y riqueza también podían llegar a poseer esclavos. Asimismo, existen referencias a que una persona esclavizada podía solicitar un cambio de amo cuando consideraba que sufría malos tratos graves. Esto no significa que la esclavitud Asante fuese una institución benigna: continuaba siendo una forma de dependencia y de falta de libertad. Sin embargo, su funcionamiento interno era más complejo que una simple división entre personas completamente libres y esclavos sometidos a unas mismas condiciones.

La sociedad Asante también era matrilineal, y la pertenencia al clan se transmitía principalmente a través de la línea materna. El abusua, es decir, el linaje materno, tenía una importancia fundamental en la organización social. Por ello, cuando nacía un niño, su pertenencia al clan se establecía principalmente a través de la madre y de su familia materna. Esto diferenciaba claramente la transmisión del parentesco y de determinados derechos sociales de los sistemas estrictamente patrilineales. (KNUST Institutional Repository)

En su máximo apogeo, las fuentes europeas describieron al ejército Asante como una fuerza militar de enormes dimensiones. Algunas estimaciones británicas llegaron a hablar de hasta 200.000 guerreros, aunque estas cifras deben tomarse con cautela, ya que las estimaciones militares de las fuentes coloniales no siempre son fiables y podían exagerar el tamaño de los ejércitos africanos.

Los británicos tuvieron que enfrentarse militarmente con los Asante en varias ocasiones durante el siglo XIX. Tradicionalmente se habla de cuatro guerras anglo-asante principales entre 1823 y 1896, aunque el conflicto entre ambos poderes fue mucho más prolongado y estuvo acompañado de expediciones, enfrentamientos y periodos de tensión. Finalmente, la derrota militar Asante permitió la incorporación de su territorio al dominio colonial británico.

La sociedad Asante poseía además una estructura política y administrativa compleja, con leyes, autoridades, tribunales, funcionarios y una poderosa institución monárquica encabezada por el Asantehene. Los europeos que entraron en contacto con el reino mostraron interés por sus instituciones, sus leyes, su religión, su organización política y sus costumbres, aunque estas descripciones deben ser leídas también teniendo en cuenta la mirada colonial de quienes las realizaron.

En la actualidad, Ashanti es una de las regiones administrativas de Ghana, pero el antiguo Estado Asante ya no constituye un Estado soberano independiente. Sin embargo, la monarquía tradicional continúa existiendo y el Asantehene mantiene una importante autoridad cultural y simbólica dentro de Ghana. Por ello, hablar de un “Estado dentro de otro Estado” puede resultar demasiado literal: es más preciso hablar de una institución monárquica tradicional que continúa existiendo dentro de la República de Ghana.

Los Asante conservan además su propia lengua, el asante twi, una de las principales variedades del akan. El akan y sus variedades, entre ellas el asante y el akuapem, tienen una enorme importancia cultural y son utilizados en la educación y en la vida cotidiana de Ghana. (Ikuska)

En lo que se refiere a la religión, antiguamente la religión tradicional Asante estaba basada en la relación con Nyame, las divinidades o abosom, los antepasados y diferentes fuerzas espirituales. A menudo se utiliza el término “animismo” para describir estas creencias, aunque es una palabra demasiado general y procedente de categorías externas. Actualmente, gran parte de la población Asante es cristiana, mientras que también existen comunidades musulmanas y personas que continúan practicando o manteniendo elementos de la religión tradicional.

La religión tradicional no desapareció simplemente con la llegada del cristianismo y el islam. Muchas prácticas, símbolos, concepciones del mundo y tradiciones continuaron formando parte de la cultura Asante, incluso entre personas pertenecientes actualmente a religiones cristianas o musulmanas.

Por tanto, hablar de los Asante únicamente como un pueblo guerrero sería quedarse corto. Fueron y siguen siendo una sociedad con una compleja historia política, militar, económica, religiosa y cultural, cuya influencia continúa siendo visible en la Ghana actual.



                                                       Tierra de los Ashantis en Ghana


                                                          Tierra de Ashanti en rojo dentro de Ghana, color blanco








Referencias y fuentes consultadas

Investigación: Oumar Xavier

A través de África
Difusión de la historia africana desde una perspectiva africana, con rigor histórico y sin sesgos.

sábado, 6 de agosto de 2016

Qué es Bilad As-Sudan?




Bilad As-Sudan o Bilad Al-Sudan es, de hecho, una denominación árabe. Es de tener en cuenta que el nombre África, en un principio, fue usado por los romanos para referirse a una zona concreta del norte de África. Posteriormente, los autores y geógrafos musulmanes utilizaron el nombre Ifriqiya, “África”, para referirse principalmente a la región costera que comprendía partes de las actuales Argelia, Túnez y Libia, vinculada a la antigua provincia romana de Africa.

De hecho, Bilad As-Sudan significa convencionalmente “Tierra de los negros” o “Tierras de los negros”. El término Sudan está relacionado con el árabe aswad, “negro”, pero debemos tener en cuenta que su significado histórico no correspondía exactamente a nuestra concepción moderna de “negro” como categoría racial. En las sociedades musulmanas medievales, estos términos podían tener significados mucho más amplios y variables dependiendo del autor y del contexto.

Bilad As-Sudan hacía referencia principalmente a las regiones del África occidental situadas al sur del Magreb. Los geógrafos musulmanes lo situaban aproximadamente desde Takrur, en la región del actual Senegal, hasta la cuenca del lago Chad y Kanem. Por ello, no sería correcto identificar automáticamente Bilad As-Sudan con todo lo que hoy denominamos “África subsahariana”.

Este punto es especialmente importante. Como explica Isaac Samuel en su artículo “The colonial myth of ‘Sub-Saharan Africa’ in medieval Islamic geography: the view from Egypt and Bornu”, publicado en African History Extra en 2024, los geógrafos musulmanes medievales empleaban diferentes términos para las distintas regiones del continente africano y no utilizaban un concepto equivalente al moderno “África subsahariana”. Bilad As-Sudan era utilizado principalmente para el África occidental, mientras que otras regiones recibían denominaciones diferentes. Artículo de referencia en African History Extra

Así, Etiopía y Eritrea eran conocidas como Bilad Al-Habasha, “tierra de los Habasha”, mientras que la región del valle medio del Nilo era conocida como Bilad Al-Nuba, “tierra de los nubios”. Por su parte, la costa del África Oriental era conocida como Bilad Al-Zanj, “tierra de los Zanj”.

Por tanto, no significaban exactamente lo mismo. No estamos ante diferentes formas de decir “África subsahariana”, sino ante denominaciones geográficas y etnográficas que identificaban diferentes regiones y pueblos africanos. Ibn Jaldún, por ejemplo, fue cuidadoso a la hora de distinguir entre los habitantes de Habasha, los Zanj y los Sudan, señalando que cada denominación tenía su propio ámbito geográfico.

También es interesante observar que algunos autores utilizaron el término Sudan de una manera mucho más amplia. Al-Jahiz, por ejemplo, utilizó el término para referirse a numerosos pueblos africanos y también a otros pueblos fuera de África, mientras que Ibn Qutayba incluyó entre los pueblos de los Sudan a nubios, Zanj, Zaghawa, Habasha, coptos egipcios e incluso bereberes. Esto demuestra que Sudan no puede interpretarse simplemente como equivalente de la moderna categoría racial de “negro”.

Por lo que estamos ante un término que es, fundamentalmente, una designación etnogeográfica, cuyo significado podía variar dependiendo del autor y del contexto.

Y aquí encontramos algo especialmente importante: el Sahara no fue necesariamente una frontera absoluta que separara dos mundos completamente diferentes. Las relaciones entre el norte y el oeste africano fueron constantes durante siglos. Comercio, peregrinaciones, diplomacia, conocimientos, manuscritos, personas e ideas atravesaban el desierto.

Para los grandes geógrafos e historiadores de los siglos IX y X, como Al-Yaqubi, Al-Masudi y Al-Bakri, Bilad As-Sudan evocaba una referencia a poblaciones de piel oscura, pero también a una región situada al sur del Sahara que poseía importantes sociedades, reinos, rutas comerciales y riquezas.

Y aquí aparece uno de los aspectos que más fascinación despertó entre los escritores y viajeros musulmanes: el oro.

El África occidental estaba vinculada a las grandes rutas caravaneras que atravesaban el Sahara y conectaban sus sociedades con el Magreb, Egipto y el resto del mundo islámico. Reinos como Ghana, Takrur y Kanem, y posteriormente grandes imperios como Mali y Songhai, formaban parte de un mundo político y económico mucho más complejo de lo que durante mucho tiempo se ha transmitido desde determinadas visiones externas sobre la historia africana.

Refinadas cortes, poderosos reyes y emperadores, rutas caravaneras, mercados, centros de conocimiento y un auténtico El Dorado después del ardiente desierto, lugar al que tanto se tenía admiración, considerado exótico y, para algunos, cercano como lejano.

Pero, obviamente, no hay que omitir que algunos autores también tenían prejuicios e ideas estereotipadas sobre determinados pueblos africanos. Las fuentes medievales no fueron homogéneas y encontramos en ellas tanto admiración, curiosidad y respeto como prejuicios, jerarquías y estereotipos.

Precisamente por eso debemos tener cuidado a la hora de interpretar estas fuentes. No debemos sustituir los antiguos prejuicios por otros modernos ni proyectar sobre las sociedades africanas medievales nuestras actuales categorías de raza, nación o geografía.

El concepto moderno de “África subsahariana”, por ejemplo, puede ser útil en determinados contextos geográficos actuales, pero no debemos proyectarlo hacia atrás como si hubiese sido una categoría utilizada por los africanos y geógrafos musulmanes de la Edad Media. Como señala Isaac Samuel, los geógrafos musulmanes utilizaban términos mucho más concretos como Sudan, Nuba, Habasha y Zanj, y las relaciones entre estas regiones no se entendían necesariamente como una separación rígida entre un supuesto “Norte” y un supuesto “Sur” de África.

De hecho, las relaciones entre sociedades como Egipto y Bornu muestran una realidad mucho más conectada. Gobernantes, peregrinos y estudiantes africanos viajaban hacia Egipto; los estudiosos de África occidental estudiaban en centros como Al-Azhar; y las obras de autores egipcios y norteafricanos circulaban posteriormente por África occidental. Estamos, por tanto, ante una historia africana conectada, no ante dos mundos aislados por el Sahara.

Bilad As-Sudan nos permite comprender, en definitiva, cómo determinados autores musulmanes medievales describieron una parte de África y a sus habitantes. Pero también nos permite observar cómo los términos geográficos cambian de significado con el paso del tiempo y cómo las categorías modernas pueden alterar nuestra percepción del pasado.

Por eso, cuando hablamos de Bilad As-Sudan, no estamos simplemente ante una antigua manera árabe de decir “África negra” o “África subsahariana”. Estamos ante una denominación histórica, geográfica y etnográfica que principalmente identificaba el África occidental situada entre Takrur y la cuenca del lago Chad, dentro de un continente africano que estaba profundamente conectado mediante rutas comerciales, culturales, políticas e intelectuales.

Y quizá esta sea una de las cuestiones más interesantes: África no necesita ser descubierta por las fuentes externas para tener historia. Las fuentes árabes, africanas, africano-musulmanas, egipcias, nubias, etíopes y muchas otras nos permiten reconstruir un continente lleno de sociedades complejas, intercambios, conflictos, conocimientos, reinos, imperios y culturas.

Estudiar estos términos no consiste únicamente en conocer su etimología. También consiste en comprender cómo los propios africanos y quienes estuvieron en contacto con ellos describieron sus sociedades, y en evitar que las categorías creadas posteriormente terminen sustituyendo a las realidades históricas.

Referencia: Isaac Samuel, “The colonial myth of ‘Sub-Saharan Africa’ in medieval Islamic geography: the view from Egypt and Bornu”, African History Extra, 11 de febrero de 2024. Consultar artículo original

Investigación personal y elaboración: Oumar Xavier

A través de África
Difusión de la historia africana desde una perspectiva africana, con rigor histórico y sin sesgos.





miércoles, 3 de agosto de 2016

Los Dogons



Són un pueblo que en su mayoria vive en Malí en el Africa occidental, se cree que hay alrededor de entre 400-800 mil dogons, existen algunas comunidades de ellos en Burkina Faso y en Costa de Marfil, pero la concentración principal es en Malí en el llamado "Pais Dogon" que se extiende desde la escarpa de Bandiagara al sudoeste del lazo de Niger.

Los dogons son más conocidos por sus bailes y sobretodo llamativas mascaras que usan en ellos, de hecho los dogons pertenecen a la familia mande es decir mandinka, aunque tienen sus dialectos propios y estan emparentados con los bonzo que son otro grupo mandinka. En su mayoria son animistas los dogons aunque hay un sector que es musulman y un grupo minoritario cristiano, pero la razón quizas dado que viven en un pais como Malí donde el 90% de la población es musulmana, fue antiguamente que hicieron una marcha masiva a la zona escarpa y montañosa del Bandiagara donde resistieron a todo tipo de amenazas tanto extranjeras como de otras tribus para no ser asimilados por otras tribus mas grandes y poderosas, en especial como una respuesta al avance de las poderosas tribus peuls conocidas también como fulanis pero la razón principal del desplazamiento de los dogons fue causa del pueblo mossi un pueblo que solia realizar incursiones de rapiña y saqueo donde esclavizaba a sus enemigos capturados y cojia sus posesiones mediante razzias a caballo. Es señalar que el animismo dogon incluye culto a los antepasados  y en la creencia del dios creador Amma





El pais de los dogons figura como patrimonio por la Unesco debido a sus abundantes vestigiosos antiguos del pueblo dogon que sigue viviendo de forma tradicional, aunque abierto a las novedades modernas. Los dogon rastrean su ascendencia mediante un sistema patrilinial. El estilo y forma de susistencia de los dogons es la agricultura del cultivo de  mijo a sorgo y arroz , así como las cebollas y otras verduras poco exigentes agua, tambien exportan la cebolla que cultivan a otros pueblos y de hecho les sirve como forma de trueque, con los bozos intercambian las hortalizas por pescado, tambien se dedican a la cria de ganado, pollo y ovejas, ganado ovino y vacuno aunque estos suelen ser confiados a algun integrante del pueblo fulani debido a la fama que tienen de ser buenos ganaderos, tambien los dogon practican la apicultura.






Bibliografia

Marcel Griaule

  • Griaule, Marcel. Conversations with Ogotemmêli: An Introduction to Dogon Religious Ideas. Oxford University Press, 1965.

Walter E. A. van Beek

  • van Beek, Walter E. A. Dogon: Africa's People of the Cliffs. Harry N. Abrams, 2001.

UNESCO

  • UNESCO. Cliff of Bandiagara (Land of the Dogons). World Heritage Centre.

James Olson

  • Olson, James S. The Peoples of Africa: An Ethnohistorical Dictionary. Greenwood Press, 1996.

Encyclopaedia Britannica

  • Dogon. Encyclopaedia Britannica.







martes, 2 de agosto de 2016

Panorama religioso en Africa

Cuando se piensa en religión y África, quizá se tienda a exagerar un poco: hombres prosternándose ante ídolos de madera o piedra. Pero haremos un repaso sobre la historia de África y las religiones.



Egipto



En materia de religión, quizá el antiguo Egipto es lo más cercano que la gente conoce sobre sus deidades, algunas mitad animales y mitad humanas, o simplemente con cuerpos humanos. Los clásicos conocidos: Horus, el dios halcón; Osiris e Isis; Seth, que representa como un tipo de encarnación del mal; Ra, dios solar; Anubis, el dios con cabeza de chacal y que vive en el inframundo; Sobek, dios cocodrilo, y otra infinidad de deidades, cada una con sus funciones.

Aunque un faraón egipcio fue, de hecho, muy popular, Akhenaton, que instauró el culto a Atón, considerado sin precedente una forma de monoteísmo en el país, llegando a librar poderosas batallas políticas contra las poderosas castas sacerdotales egipcias. Akhenatón sería el padre de otro faraón famoso, Tutankamón.

El culto a Atón, representado como un disco solar, era un tanto parecido al del dios bíblico israelita, inclusive en himnos y demás, llegando a formularse teorías de si realmente no era una forma de culto a Dios.



                                           Akhenaton y su familia recibiendo la luz de Atón.




Antiguo Magreb

El antiguo Magreb, llamado Tamazgha por los amazigh, los cuales son la población indígena, tenía una gran variedad y diversidad religiosa y en sus prácticas.

Se adoraba a varios dioses, culto y recuerdo a los ancestros, creencia en genios o espíritus y la presencia de lugares sagrados, como arboledas, ríos, piedras, prácticas muy comunes y similares en toda África.

Hubo una síntesis y sincretismo con fenicios/púnicos y otras culturas, sin restar, claro, a la originalidad.

Había dioses como Gurzil, divinidad guerrera representada con una cabeza de toro, considerado hijo de Amón, divinidad a la que tanto los amazigh como los antiguos egipcios rendían culto también.

Tanit, aunque asociada con Cartago, era reverenciada por los amazigh, divinidad de fertilidad, prosperidad, maternidad y protección.

Ifru, divinidad femenina guerrera y protectora.



Cosmologías africanas al sur del Sahara: dioses, espíritus, ancestros y fuerzas sagradas



Los africanos del interior del continente, más abajo del Sahara, pues creían en una diversidad de espíritus y genios que moraban en los elementos: árboles, lagos, ríos, tierra, piedra, aire y demás; es decir, la versión africana de los jinns árabes. También había cultos que giraban alrededor de ciertas deidades, como en Ifá, en Nigeria, lugar sagrado de los yorubas que contiene su oráculo. Cada zona tenía sus dioses particulares y fetiches (estatuas que representaban a la deidad).

Aunque se han podido comprobar algunas nociones monoteístas y, de hecho, el ideario de un Creador, en algunos lugares sin ninguna representación ni estatua, referido como el Dios del Cielo, Gran Espíritu. Por ejemplo, cuando los pueblos igbos de Nigeria tuvieron sus contactos con los cristianos, de hecho, les pareció que su dios Chukwu era el mismo dios que creían los cristianos.

También es de hacer referencia a la existencia de cultos a los antepasados que existían en esas sociedades.


                                            Shango dios del trueno, armado con una maza u martillo, a veces visto como un tipo de dios justiciero, deidad nigeriana aunque tiene sus arquetipos en otras sociedades africanas.


 Eshu, considerado un dios "marrullero", travieso y que hace de las suyas y siempre se sale de las suyas.


Hay que pensar que existia una gran variedad de divinidades y espiritus, masculinos y femeninos, con diversos atributos, desde deidades guardianas, creadoras, vinculadas a la agricultura, al agua y mucho más.

Un ejemplo Yemoja, divinidad u orisha (igual que los mencionados anteriormente), vinculada al agua, maternidad y protección, algunas veces confundida con Mami Wata.

Estatua de Yemoja en una procesión. fotografia de Folu Oyefeso de Discovering the Rich History and Symbolism of Yemoja, the Mother of All Orishas .









Cristianismo

                                                   sacerdote ortodoxo etiope


En tiempos tempranos de la fe cristiana, se extendió por Egipto, Libia, Túnez, Argelia y Marruecos, teniendo a hombres importantes como Tertuliano, Clemente de Alejandría, Orígenes de Alejandría, Cipriano, Atanasio y Agustín de Hipona, todo eso aún en tiempos del Imperio romano.

Pero, en sí, el primer país o reino africano en adoptar la fe cristiana fue Etiopía. El reino de Aksum fue la primera nación en convertirse a la fe cristiana, llamándose sus líderes Negus, conocidos en la literatura islámica y referido su gobernante por el profeta Muhammad (sws) como un hombre sabio y de justicia.

Aunque es de tener en cuenta que dentro del cristianismo reinaron las disidencias y las iglesias separadas que no aceptaban la autoridad católica. De hecho, la Iglesia etíope era independiente de la católica.

Pero, más allá de Etiopía, no había cristianos en el África más allá de Etiopía. No sería hasta la llegada del colonialismo europeo, con sus ejércitos, cuando vinieron distintos misioneros, anglicanos, católicos, protestantes, evangélicos y de otras denominaciones a evangelizar bajo la protección armada de las potencias alemanas, francesas, belgas, inglesas y españolas.



                                          iglesia Piketberg en Sudáfrica



Islam


La entrada del Islam en el continente africano empieza con las conquistas de los conquistadores árabes en Egipto, con Amr ibn Aas, y en el Magreb, bajo Uqba ibn Nafi. Erróneamente, se tiende a pensar que se impuso a espada a los nativos africanos del África subsahariana, pero la historia muestra que no bajó por el Sahara ningún ejército de árabes blandiendo espadas por el aire y convirtiendo a la fuerza a cualquiera.

Los primeros contactos entre musulmanes y africanos de raza negra fueron, de hecho, en Etiopía, debido a la larga relación comercial de ese país con los habitantes de la península arábiga y a que sus soberanos acogieran a refugiados musulmanes. Posteriormente, la interacción entre musulmanes y los habitantes del África subsahariana fue más que nada comercial. Bajaban caravanas de comerciantes musulmanes árabes y amazighs (norteafricanos) a comerciar y hacer intercambios con los nativos: pieles de animales, marfil, diamantes, esclavos y otros objetos de interés. Pero en esas caravanas venían algunos musulmanes a quedarse en esas tierras del África, entre otras cosas, musulmanes que venían a predicar sus creencias a los nativos. Algunos eran sufíes, entre otras cosas.

Poco a poco se formaron los primeros reinos musulmanes totalmente africanos en esos lares, como el reino de Tekrur o Takrur, el Imperio Mandinga, el reino Sonray, los reinos fulanis y hausas, el reino de Kanem-Bornu. Posteriormente, en el África oriental, nacen las ciudades-estado dirigidas por árabes y swahilis.

Existen aún grandes y majestuosas mezquitas, como la de Timbuktu, o la famosa ciudad de Etiopía llamada Harar, que cuenta con más de 100 mezquitas y tumbas de grandes sabios religiosos musulmanes.

Posteriormente, la reacción islámica, tanto en el Magreb como en el interior, a los intentos colonialistas europeos fue en forma de movimientos armados de liberación. Aunque posteriormente acabaron siendo militarmente sometidos, al día de hoy siguen siendo tierras de mayoría islámica y con un gran crecimiento.



                                         Mezquita en Malí




Judaismo

Por último, acabaremos con la presencia judía. De hecho, la presencia judía en África se remonta al antiguo Egipto, aunque, en base al relato bíblico, ya vivían allí. Posteriormente, en tiempos del Imperio romano o anterior a él, en lo que es el norte de África, vivían comunidades judías o de magrebíes judaizantes.

Pero quizás llama más la atención Etiopía, donde residían los falashas, conocidos como judíos negros, cuya ascendencia se cree que se remonta a tiempos del rey Salomón. Del rey etíope Menelik I se afirma que es hijo del rey israelita Salomón y de la reina Bilqis de Saba.

Posteriormente, en zonas del África occidental, en los reinos musulmanes, sobre todo en el África occidental y oriental, había una buena presencia de pequeñas comunidades judías que trabajaban la orfebrería y el comercio. También en el Magreb residían judíos sefardíes y mizrahim, sobre todo los primeros, que salían de España ante la Inquisición.

Posteriormente, ciertos grupos afirman tener un pasado hebreo. Unos siguen una forma de judaísmo o reconversión; otros, pues, siguen aún en sus antiguas religiones, sea la islámica o cristiana, pero afirman con orgullo tener un pasado remontado al padre Abraham.

                                           Judios etiopes en Etiopia



Bibliografía:

- Libro African Religions: A Very Short Introduction de Jacob K. Olupona  2014.
- Investigación personal Oumar.
- Libro Religious Diversity in Late Antiquity 2010, de David Morton Gwynn, Luke Lavan, Susanne Bangert.
- Libro The Religious Traditions of Africa A History de Elizabeth Isichei · 2004