miércoles, 9 de septiembre de 2026

Tombuctú: donde el conocimiento era un tesoro

«La sal viene del norte, el oro viene del sur y la plata del país de los blancos, pero la palabra de Dios y los tesoros de la sabiduría solo se encuentran en Tombuctú.»

Proverbio tradicional de África Occidental

la Gran Mezquita de Djingarey Ber /tombuctu, Crédito de la foto: Marco Dormino


Tombuctú, apodada “Perla del Sahara” y conocida también como la “Ciudad de los 333 Santos”, es una de esas ciudades cuyo nombre ha terminado adquiriendo una dimensión casi legendaria.

Su origen se sitúa aproximadamente en torno al siglo XII, aunque existen tradiciones que remontan su establecimiento a los tuareg en torno a finales del siglo XI o comienzos del XII.

Una de las tradiciones más conocidas señala que una mujer llamada Buktu habría estado encargada de custodiar un pozo utilizado por las caravanas.

De ahí procedería, según esta tradición, el nombre Tin-Buktu, interpretado como “el lugar de Buktu” o “el pozo de Buktu”.

Hay que señalar, eso sí, que el origen exacto del nombre Tombuctú no está completamente demostrado y existen diferentes interpretaciones etimológicas, por lo que la historia de Buktu debe entenderse como una tradición sobre los orígenes de la ciudad.

La ubicación de Tombuctú sería fundamental para su desarrollo.

Situada en las proximidades del río Níger y en el extremo meridional del Sahara, la ciudad se encontraba en una posición estratégica entre las rutas caravaneras que atravesaban el desierto y las regiones agrícolas y comerciales de África Occidental.

Por Tombuctú pasarían comerciantes y viajeros de diferentes pueblos y regiones.

Tuaregs, árabes, songhais, soninkes, mandingas, fulanis y otros pueblos participarían en las redes comerciales de la región.

Desde el norte llegaba principalmente la sal, especialmente procedente de las minas saharianas, mientras que desde las regiones meridionales llegaban oro, cereales, ganado y otros productos.

Por lo que sabemos, Tombuctú no surgió simplemente como una ciudad comercial aislada, sino como parte de una red mucho más amplia de intercambio entre diferentes sociedades africanas y las rutas transaharianas.

LOS PRIMEROS HABITANTES Y EL CRECIMIENTO DE TOMBUCTÚ

Aunque los tuareg tuvieron un papel importante en los primeros momentos de la ciudad, Tombuctú acabaría convirtiéndose en un lugar habitado y frecuentado por personas de diferentes orígenes.

Comerciantes soninkes y mandingas, población songhai, árabes procedentes de diferentes zonas del Sahara y otros grupos fueron estableciéndose en la ciudad.

Esto hizo que Tombuctú adquiriera progresivamente un carácter cada vez más cosmopolita.

Las caravanas no traían únicamente mercancías.

Traían también personas, lenguas, religiones, costumbres e ideas.

Y esta característica sería fundamental para entender la posterior importancia intelectual de la ciudad.

TOMBUCTÚ Y EL IMPERIO DE MALI

Durante el Imperio de Mali (c. 1235–siglo XVII), Tombuctú pasó a formar parte de uno de los grandes Estados de África Occidental.

Uno de sus gobernantes más famosos sería Mansa Musa (c. 1312–c. 1337).

En 1324, Mansa Musa emprendió su célebre peregrinación a La Meca.

Su viaje tuvo una enorme repercusión en el mundo islámico, especialmente por las grandes cantidades de oro que llevó consigo.

A su regreso, pasó por Tombuctú, que en aquel momento se encontraba dentro de la esfera de influencia de Mali.

Durante este periodo la ciudad comenzó a adquirir una importancia cada vez mayor.

Mansa Musa está relacionado con la construcción de la gran mezquita de Djingareyber, una de las construcciones más importantes de la historia de Tombuctú.

Pero aquí aparece una figura especialmente interesante para quienes conocemos la historia de la península ibérica.

ABU ISHAQ AL-SAHILI : DE GRANADA A MALI

Abu Ishaq Ibrahim al-Sahili (c. 1290–1346) fue un poeta y erudito originario de Granada, en el reino nazarí.

Su historia es uno de los ejemplos más interesantes de las conexiones existentes entre el norte de África, al-Ándalus y África Occidental.

Al-Sahili llegó a relacionarse con Mansa Musa y terminó formando parte de su entorno.

El historiador norteafricano Ibn Jaldún (1332–1406) relata que al-Sahili realizó para Mansa Musa una construcción en la capital de Mali.

Se trataba de una sala de audiencia, descrita con una estructura abovedada y elementos decorativos.

Por tanto, sí tenemos una fuente histórica que relaciona directamente a al-Sahili con una obra arquitectónica realizada para Mansa Musa.

También sabemos que al-Sahili murió en 1346 y fue enterrado en Tombuctú.

Cuando el famoso viajero Ibn Battuta (1304–1377) visitó Tombuctú en 1353, dejó constancia de haber visto su tumba.

Aquí hay que hacer una aclaración importante.

Muchas veces se afirma que al-Sahili fue el arquitecto de la mezquita de Djingareyber y que introdujo la arquitectura sudano-saheliana en África Occidental.

Pero cuando acudimos a las fuentes históricas, el asunto es bastante más complejo.

El Ta'rikh al-Sudan, escrito en Tombuctú por Abd al-Rahman al-Sa'di (c. 1594–después de 1655), menciona a al-Sahili como un célebre poeta originario de Granada, pero atribuye a Mansa Musa la construcción de Djingareyber sin establecer de manera explícita que al-Sahili fuese su arquitecto.

Por ello, no sería correcto presentar como un hecho demostrado que al-Sahili diseñó y construyó personalmente Djingareyber.

Lo que sí podemos afirmar es que un hombre nacido en Granada llegó hasta Mali, estuvo relacionado con Mansa Musa, realizó una construcción para él y terminó sus días en Tombuctú.

Y esto ya resulta suficientemente extraordinario.

Además, la arquitectura de tierra del Sahel tenía una historia propia anterior a al-Sahili.

No fue un hombre llegado desde al-Ándalus quien creó desde cero la arquitectura sudano-saheliana.

Existían tradiciones constructivas africanas anteriores y conocimientos desarrollados durante generaciones.

Por eso, quizás sea más interesante entender a al-Sahili como una figura dentro de un proceso mucho más amplio de intercambio cultural entre el Magreb, al-Ándalus y África Occidental.

Un intercambio en el que no solamente viajaban comerciantes.

También viajaban arquitectos, eruditos, estudiantes, libros y conocimientos.

EL IMPERIO SONGHAI Y LA EDAD DE ORO

Durante el siglo XV, el Imperio Songhai (c. 1464–1591) comenzó a convertirse en la principal potencia de la región.

En 1468, Tombuctú fue incorporada al Estado Songhai por Sonni Ali (1464–1492).

Sin embargo, sería durante el reinado de Askia Muhammad (1493–1528) cuando Tombuctú alcanzaría uno de los momentos de mayor esplendor de su historia.

Askia Muhammad fue un gran protector de los eruditos y del conocimiento islámico.

Tombuctú se convertiría en uno de los grandes centros intelectuales del África Occidental.

La ciudad no solamente era un centro comercial.

También era un centro de enseñanza.

SANKORÉ Y LOS SABIOS DE TOMBUCTÚ

Una de las instituciones intelectuales más famosas de la ciudad fue Sankoré.

Muchas veces se habla de la “Universidad de Sankoré”, aunque hay que señalar que no era una universidad organizada exactamente como las universidades modernas europeas.

La enseñanza se desarrollaba alrededor de mezquitas, maestros y círculos de estudiantes.

Los alumnos estudiaban con diferentes profesores y podían desplazarse entre distintos círculos de conocimiento.

Según las cifras recogidas por UNESCO, durante el periodo de máximo esplendor de Tombuctú existían alrededor de 180 escuelas coránicas y unos 25.000 estudiantes.

Los estudios estaban principalmente relacionados con el Islam: Corán, jurisprudencia, teología, lengua árabe y gramática.

Pero no se limitaban únicamente a la religión.

También se estudiaban disciplinas como astronomía, matemáticas, medicina, historia, geografía, poesía y literatura.

Esto resulta especialmente importante porque la imagen de África Occidental como un continente sin tradición escrita antes de la llegada de los europeos es sencillamente falsa.

En Tombuctú existía una importante cultura escrita en árabe.

Y se escribía sobre muchísimos temas.

UNA CIUDAD DE MUCHOS PUEBLOS

Tombuctú tampoco pertenecía exclusivamente a un solo pueblo.

Tuaregs, songhais, soninkes, mandingas, fulanis, árabes y otros grupos participaron de la vida comercial, política e intelectual de la ciudad.

Los comerciantes y viajeros llegaban desde diferentes regiones de África Occidental y del Sahara.

También llegaron eruditos procedentes del Magreb y de otras partes del mundo islámico.

Y aquí encontramos nuevamente una conexión muy interesante con la península ibérica.

La relación entre Tombuctú y al-Ándalus no se limita a la presencia de al-Sahili.

Tenemos también una evidencia material mucho más tardía y extraordinaria.

Se trata de un manuscrito relacionado con Ibn al-Jatib (1313–1374), uno de los grandes historiadores y eruditos de la Granada nazarí.

Un ejemplar de su obra estuvo en manos de una importante familia de eruditos de Tombuctú durante el siglo XVI.

El manuscrito terminó formando parte de las colecciones conservadas en El Escorial y contiene numerosas anotaciones realizadas por estudiosos de Tombuctú.

Es decir, una obra escrita por un intelectual de la Granada de al-Ándalus llegó hasta África Occidental y fue estudiada y comentada allí.

Esto nos demuestra algo muy importante.

Tombuctú no era una ciudad aislada en el desierto.

Formaba parte de una enorme red intelectual que conectaba África Occidental con el Sahara, el Magreb, Egipto y otros territorios del mundo islámico.

El Sahara no era solamente una frontera.

También era un puente.

LOS LIBROS COMO TESOROS

Bibliotecario Abdel Kader Haidara junto a libros y manuscritos, fotografía del fotógrafo sudafricano Brent Stirton. 


Y aquí llegamos, quizás, a uno de los aspectos más fascinantes de Tombuctú.

Los libros y manuscritos eran considerados objetos de enorme valor.

Las familias de eruditos podían conservar bibliotecas privadas durante generaciones.

En ellas se encontraban obras sobre religión, derecho, historia, medicina, astronomía, matemáticas, literatura y muchos otros campos.

Uno de los grandes intelectuales de Tombuctú sería Ahmad Baba (1556–1627).

Tras la conquista marroquí del Imperio Songhai en 1591, Ahmad Baba fue deportado a Marrakech en 1593.

Posteriormente regresaría a Tombuctú y continuaría con su actividad intelectual.

Su figura representa muy bien la importancia que había adquirido la ciudad como centro de conocimiento.

Los manuscritos eran parte de la memoria de las familias.

No eran simplemente libros.

Eran patrimonio.

Eran conocimiento acumulado durante generaciones.

EL RESCATE DE LOS MANUSCRITOS

Y esta tradición de conservación tendría una importancia extraordinaria muchos siglos después.

En 2012, Tombuctú fue ocupada por grupos armados.

Ante la amenaza de destrucción de las bibliotecas, numerosos habitantes y responsables de las colecciones comenzaron a ocultar y sacar clandestinamente manuscritos de la ciudad.

Muchos fueron introducidos en cajas y transportados discretamente fuera de Tombuctú.

Gracias a aquella operación, una enorme cantidad de manuscritos logró sobrevivir.

Es difícil no pensar en la enorme ironía de la historia.

Durante siglos, las familias de Tombuctú habían protegido sus libros porque eran conscientes de su valor.

En 2012, sus descendientes volvieron a hacer exactamente lo mismo.

Protegerlos.

Salvarlos.

Conservarlos para las generaciones futuras.

Aquellos manuscritos no eran simples libros.

Eran historia.

Eran memoria.

Eran conocimiento.

Y quizás por eso aquel antiguo proverbio resume tan bien la historia de Tombuctú:

La sal podía venir del norte.

El oro podía venir del sur.

Pero el conocimiento tenía su propio lugar.

Tombuctú.

— Texto de Oumar Xavier

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

FUENTES PRIMARIAS

  • Ibn Battuta, Rihla.
  • Ibn Jaldún, Kitab al-'Ibar.
  • Abd al-Rahman al-Sa'di, Ta'rikh al-Sudan.
  • Ta'rikh al-Fattash.

BIBLIOGRAFÍA

  • Saad, Elias N. (1983), Social History of Timbuktu: The Role of Muslim Scholars and Notables, 1400–1900. Cambridge University Press.
  • Hunwick, John O. (1990), “An Andalusian in Mali: A Contribution to the Biography of Abu Ishaq al-Sahili, c. 1290–1346”. Paideuma, 36, pp. 59–66.
  • Aradeon, Susan B. (1989), “Al-Sahili: The Historians' Myth of Architectural Technology Transfer from North Africa”. Journal des Africanistes,