domingo, 18 de septiembre de 2016

Los Kru



Los Kru, también llamados Kroo, Krou, Krao o Klao, son un conjunto de pueblos originarios de África occidental, cuyo núcleo histórico se encuentra principalmente en la costa sudoriental de Liberia y el suroeste de Costa de Marfil. Los Kru propiamente dichos tienen su territorio histórico en la costa de Liberia, especialmente entre los ríos Cestos y Grand Cess, aunque comunidades relacionadas con el mundo Kru se extendieron posteriormente por otros territorios de África occidental, incluyendo Sierra Leona y Costa de Marfil.

Los Kru son especialmente conocidos por su tradición marítima. Durante siglos, las comunidades de la costa desarrollaron importantes conocimientos de navegación, pesca y comercio, aprovechando su conocimiento de las aguas costeras y de las condiciones del litoral atlántico. Desde finales del siglo XVIII y, especialmente, durante los siglos XIX y XX, numerosos hombres Kru fueron contratados como marineros, navegantes, remeros e intérpretes por barcos europeos y americanos. Los europeos utilizaron el término «Krumen» para referirse a muchos de estos trabajadores marítimos, aunque con el tiempo la palabra llegó a utilizarse de manera mucho más amplia y no siempre designaba exclusivamente a personas pertenecientes al pueblo Kru.

Esta tradición marítima hizo que los Kru adquirieran una presencia internacional mucho mayor de la que cabría esperar por su población. Trabajaron en barcos dedicados al comercio atlántico y también en embarcaciones vinculadas a la trata de esclavos. Posteriormente, después de la prohibición de la trata atlántica, muchos continuaron trabajando para las armadas británica y estadounidense y para los barcos que participaban en las patrullas contra el tráfico ilegal de esclavos. Su conocimiento de las costas, los ríos y las aguas del África occidental los convirtió en trabajadores especialmente valorados.

Existe una tradición histórica según la cual los Kru defendían celosamente su condición de personas libres y procuraban diferenciarse de las poblaciones susceptibles de ser esclavizadas. Una de las manifestaciones más conocidas de esta identidad fueron las marcas o tatuajes faciales Kru, realizados tradicionalmente con pigmentos oscuros o azulados. Estas marcas podían funcionar como una señal visible de identidad y, en el contexto de la trata atlántica, como una forma de distinguir a los marineros Kru libres de otros africanos que podían ser capturados y esclavizados. Investigaciones recientes han señalado precisamente que estas marcas llegaron a funcionar como una especie de identificación social y laboral ante los europeos.

No obstante, conviene matizar la afirmación de que «los Kru no eran esclavizados». La tradición oral Kru ha conservado con mucha fuerza la idea de que sus miembros eran un pueblo libre que se resistía a ser esclavizado, y existen evidencias de una fuerte resistencia frente a la captura. Sin embargo, esto no significa que ninguna persona Kru pudiera ser esclavizada. La documentación histórica muestra que las relaciones con la trata fueron mucho más complejas y que existieron situaciones de captura, dependencia y participación de diferentes comunidades africanas en el comercio atlántico. Por ello, es más correcto hablar de una fuerte tradición de resistencia a la esclavización y de defensa de su condición de hombres libres.

Los Kru también fueron conocidos por su defensa de la autonomía política y comercial. Un ejemplo importante se produjo en la década de 1850, cuando las comunidades Kru y Grebo se enfrentaron a la República de Maryland, una colonia afroamericana establecida en la costa de África occidental. Los conflictos estuvieron relacionados, entre otras cuestiones, con los intentos de las autoridades de Maryland de controlar el comercio y establecer su autoridad sobre las poblaciones locales. En 1856, Maryland solicitó ayuda militar a Liberia para combatir a los Kru y Grebo que se resistían a esos intentos de control.

Este episodio refleja una característica importante de las sociedades Kru: tradicionalmente estaban organizadas de manera descentralizada, con diferentes comunidades y poblaciones que mantenían un considerable grado de autonomía. Por ello, la resistencia a las autoridades externas no procedía necesariamente de un único Estado Kru, sino de diferentes comunidades que defendían sus propios intereses, territorios y redes comerciales.

En la actualidad, los Kru propiamente dichos representan aproximadamente el 6 % de la población de Liberia, según el censo de 2008, aunque las cifras pueden variar dependiendo de si se utiliza una clasificación étnica estricta o una clasificación lingüística y cultural más amplia. En Costa de Marfil, el término Krou se utiliza para designar a un conjunto mucho más amplio de pueblos del suroeste del país, entre ellos los Bété, Wè/Guéré, Dida, Wobé y otros, y el conjunto Krou representa alrededor del 9 % de la población marfileña, no el 23 % que señalaba el texto original.

Por esta razón, también debemos tener cuidado con la lista de pueblos que antiguamente incluí bajo el nombre de «etnia Kru». Kru puede referirse al pueblo propiamente dicho, mientras que Krou puede utilizarse en un sentido lingüístico y cultural más amplio. Dentro de este conjunto aparecen pueblos y lenguas como Grebo, Krahn, Bété, Dida, Wè, Nyabwa, Godié, Bakwé, Krumen y otros grupos relacionados, aunque no todos deben considerarse simplemente «Kru» en sentido étnico. Las clasificaciones lingüísticas y etnográficas han cambiado con el tiempo y el propio término Kru fue ampliándose históricamente.

En cuanto al origen de los Kru, las tradiciones orales hablan de antiguas migraciones desde el interior hacia la costa, y algunas sitúan el origen de determinados grupos en regiones del noreste. Los estudios históricos consideran plausible que diferentes movimientos migratorios llevaran a grupos de habla Kru hacia la costa liberiana y marfileña entre la Edad Media tardía y los primeros siglos de la Edad Moderna. Sin embargo, las tradiciones que relacionan directamente a los Kru con Etiopía o con antiguas tierras del este de África no están demostradas históricamente y deben presentarse como parte de la tradición oral o de las hipótesis sobre sus orígenes, no como un hecho establecido. 


Entre los elementos simbólicos asociados tradicionalmente a los Kru aparecen el caolín, determinados animales y la música, que desempeñan diferentes funciones dentro de sus ceremonias y expresiones culturales. El caolín, utilizado en diferentes sociedades de África occidental con fines rituales y simbólicos, puede estar relacionado con conceptos de pureza, protección, espiritualidad y celebración. En algunas tradiciones Kru también aparece el gallo como elemento simbólico. Sin embargo, la interpretación del gallo específicamente como símbolo de «felicidad» debe entenderse como una interpretación cultural concreta y no como una característica universal de todos los pueblos Kru.

La música ocupa asimismo un lugar importante en la vida cultural Kru, acompañando ceremonias, celebraciones y diferentes acontecimientos comunitarios. Como ocurre con otros elementos de la cultura Kru, las prácticas musicales varían entre las distintas comunidades y no pueden considerarse completamente homogéneas.

La organización política tradicional de los Kru era descentralizada. Las comunidades se organizaban principalmente alrededor de linajes y poblaciones autónomas, cada una de las cuales podía contar con sus propios jefes, ancianos y autoridades. En determinadas comunidades existían estructuras políticas complejas, con consejos y autoridades que ejercían funciones legislativas, judiciales y ejecutivas. Por ello, aunque algunas de estas unidades políticas pueden describirse como pequeños «estados», resulta más apropiado hablar de comunidades o entidades políticas autónomas que de un sistema feudal en sentido europeo.

Los primeros contactos de las poblaciones de la costa Kru con los europeos se produjeron durante la expansión portuguesa por África occidental en el siglo XV. Los navegantes y comerciantes portugueses comenzaron a utilizar las redes comerciales y los conocimientos marítimos de las poblaciones costeras africanas para establecer relaciones comerciales. Sin embargo, las investigaciones actuales advierten que los primeros portugueses no identificaron necesariamente a estas poblaciones con el nombre de «Kru», que comenzó a utilizarse posteriormente en las fuentes europeas. Los Kru y otros pueblos navegantes de la costa ya desempeñaban funciones como canoeros, intermediarios comerciales, pilotos y trabajadores marítimos antes de que los europeos utilizaran de manera habitual la denominación «Kru».

Existe además una tradición oral Kru según la cual sus antepasados lograron mantener su libertad frente a la esclavización mediante acuerdos con los comerciantes europeos. Una de estas tradiciones sostiene que los europeos habrían recibido permiso para atravesar o utilizar determinados territorios Kru en sus actividades comerciales a cambio de respetar a la población local y no esclavizarla. Esta tradición está relacionada con la fuerte memoria histórica que los Kru conservan de su condición de pueblo libre y de su resistencia a la esclavización.

No obstante, esta historia debe presentarse como tradición oral y memoria histórica, ya que no podemos afirmar que existiera un único tratado general entre «los Kru» y los europeos que garantizara la inmunidad frente a la esclavización. La documentación histórica muestra una realidad más compleja: algunos Kru actuaron como intermediarios entre comerciantes europeos y poblaciones del interior, mientras que muchos marineros Kru fueron contratados en condiciones que los diferenciaban de las personas esclavizadas. Esta condición de trabajadores libres llegó a convertirse en una parte importante de la identidad marítima Kru.

En lo que concierne a la religión, actualmente una gran parte de los Kru son cristianos pertenecientes a diferentes iglesias y denominaciones. Sin embargo, las antiguas tradiciones religiosas no desaparecieron completamente. Entre diferentes comunidades Kru continúan existiendo creencias relacionadas con los antepasados, los espíritus y las fuerzas sobrenaturales, y determinadas prácticas tradicionales pueden coexistir con el cristianismo.

Los estudios realizados entre los Kru de Grand Cess, por ejemplo, han documentado conceptos religiosos propios como Ku y Nyeswa, relacionados con su antigua concepción del mundo espiritual. La investigación antropológica muestra que estas creencias no pueden reducirse simplemente a una «adoración de deidades», sino que forman parte de un sistema religioso más complejo relacionado con la enfermedad, la muerte, los espíritus, la protección y las relaciones entre el mundo visible y el invisible.

Por ello, la religión tradicional Kru debe entenderse como un sistema propio que, con la llegada del cristianismo, experimentó procesos de transformación y sincretismo. Incluso entre personas que actualmente se identifican como cristianas pueden mantenerse determinadas concepciones tradicionales relacionadas con los antepasados y el mundo espiritual. Esta coexistencia entre elementos cristianos y tradiciones religiosas anteriores forma parte de la compleja evolución cultural de las sociedades Kru.











1) Siamou pueblo
3) kru occidentales
4) Kru del Este.
5) Ahizi



Bibliografía y referencias

  • Crutcher, Megan. «“For King and Empire”: The Changing Political, Economic, and Cultural Identities of Kru Mariners in Atlantic Africa, 1460–1945». The Journal of African History, vol. 64, n.º 3, 2023, pp. 437–448.
  • Brooks, George E. The Kru Mariner in the Nineteenth Century: A Historical Compendium. Newark, Delaware: University of Delaware, 1972.
  • Gunn, Jeffrey. Outsourcing African Labor: Kru Migratory Workers in Global Ports, Estates and Battlefields until the End of the Nineteenth Century. Berlín/Boston: De Gruyter, 2021.
  • Mekeel, H. Scudder. «Social Administration of the Kru. A Preliminary Survey». Africa, vol. 10, n.º 1, 1937, pp. 75–96.
  • Mekeel, H. Scudder. «Social Administration of the Kru. A Preliminary Survey, Part II». Africa, vol. 12, n.º 4, 1939, pp. 460–468.
  • Schwartz, Alfred. Peuplement autochtone et immigration dans le Sud-Ouest ivoirien. Abidjan: ORSTOM, 1973.
  • Zetterström, Kjell. A Preliminary Report on the Kru. Robertsport, Liberia: Tubman Center of African Culture, 1969.
  • Hayden, Thomas E. «Kru Religious Concepts: Kru and Nyeswa». Liberian Studies Journal, vol. 7, n.º 1, 1976, pp. 13–22.
  • Martin, John. «Krumen “Down the Coast”: Liberian Migrants on the West African Coast in the 19th and Early 20th Centuries». The International Journal of African Historical Studies, vol. 18, n.º 3, 1985.

Fuentes complementarias

  • Encyclopaedia Britannica. Entrada «Krumen».
  • Wikipedia. «Kru». Utilizada como fuente de consulta general y contraste inicial, especialmente para la revisión de datos demográficos y terminología.

Investigación personal

Investigación personal: Oumar Xavier

A través de África
Difusión de la historia africana desde una perspectiva africana, con el objetivo de divulgar la historia y las sociedades africanas de forma rigurosa, crítica y sin sesgos.







domingo, 21 de agosto de 2016

Diolas





El pueblo diola, llamado también Jola o Joola, es un pueblo de África occidental que vive principalmente en Senegal, Gambia y Guinea-Bisáu, especialmente en la región de Casamance, en el sur de Senegal, y en las zonas fronterizas de Gambia y Guinea-Bisáu. Se trata, además, de un conjunto de comunidades que históricamente han estado muy fragmentadas y organizadas en diferentes grupos y territorios. Algunos grupos jola se han denominado tradicionalmente Ajamat o Ajamatau, aunque esta denominación no debe entenderse necesariamente como una autodenominación utilizada de la misma manera por todos los grupos jola.

Al igual que ocurre con otros pueblos de Senegambia, existen tradiciones orales que relacionan los antiguos orígenes de los antepasados de los Diola con regiones situadas mucho más al este, llegando algunas narraciones hasta el valle del Nilo y relacionándolos posteriormente con el mundo mandinga. Según estas tradiciones, diferentes movimientos de población habrían llevado a grupos que posteriormente formarían parte del mundo jola hacia la región de Casamance, Gambia y Guinea-Bisáu. Sin embargo, estas narraciones deben entenderse como parte de la memoria y tradición oral y no como un hecho histórico demostrado. La investigación arqueológica, por su parte, muestra una presencia humana antigua en la Baja Casamance desde al menos el siglo II a. C., mientras que los estudios lingüísticos relacionan las lenguas jola con otras lenguas de la región de Guinea-Bisáu.

Los Diola convivieron históricamente con numerosos pueblos de la región, entre ellos wolof, serer, fulbe, mandingas, bainuk y balanta, entre otros. Las relaciones entre estos pueblos fueron variadas y estuvieron marcadas tanto por el comercio y los intercambios culturales como por las alianzas, los matrimonios, los conflictos y las migraciones. La historia de los Diola no puede entenderse, por tanto, como la de un pueblo aislado, sino como parte de la compleja historia de Senegambia y de la Alta Guinea.

Dentro del mundo jola existen numerosos subgrupos y comunidades, entre ellos los Ajamat, Kassa, Fogni, Blouf o Blouff, Bandial y Karone, entre otros. Estos grupos presentan diferencias lingüísticas, religiosas y culturales, aunque comparten numerosos elementos históricos y culturales. Algunos grupos, especialmente en las zonas de Fogni, mantuvieron intensas relaciones con los pueblos mandingas, llegando a producirse intercambios culturales, matrimonios y relaciones de parentesco. También existieron influencias mutuas en las costumbres, las tradiciones y las formas de organización social.

Las relaciones entre Diola y mandingas fueron especialmente importantes en algunas zonas de Casamance. En determinadas tradiciones históricas se recuerda incluso la existencia de vínculos de parentesco entre familias gobernantes mandingas y grupos diola. Estas relaciones muestran que las fronteras culturales entre los diferentes pueblos de la región nunca fueron completamente rígidas: existieron matrimonios mixtos, intercambios de nombres y linajes, adopción de determinadas costumbres y una intensa convivencia entre comunidades.

Los Diola desarrollaron además una reputación de pueblo resistente a la dominación externa. Durante la expansión de la trata atlántica mostraron, en determinadas regiones y periodos, una fuerte resistencia a la captura y comercialización de personas. La investigación de Olga F. Linares señala precisamente que las características políticas y sociales de muchas comunidades jola, organizadas de manera descentralizada, contribuyeron a retrasar el desarrollo de determinadas formas de esclavitud. Sin embargo, esto no significa que los Diola fueran completamente ajenos a la esclavitud: con el tiempo existieron capturas, incorporación de cautivos y otras formas de dependencia dentro de algunas comunidades. Por ello, es más correcto hablar de una resistencia histórica a determinadas formas de dominación y de trata, en lugar de afirmar que todos los Diola rechazaron la esclavitud en cualquier circunstancia.

Esta característica de autonomía y resistencia también estuvo relacionada con su organización política. Muchas sociedades jola tradicionales fueron descentralizadas y relativamente igualitarias, sin una monarquía central comparable a la de los Wolof, Serer o Mandingas. La autoridad se encontraba distribuida entre familias, aldeas, grupos de edad, autoridades religiosas y otros representantes de la comunidad. Por ello, los Diola pudieron mantener durante mucho tiempo un elevado grado de autonomía frente a los poderes políticos de su entorno.

Por ello, no sería correcto afirmar que «nadie logró colonizar completamente a los Diola», ya que la Casamance terminó siendo incorporada al sistema colonial francés. Sin embargo, sí podemos señalar que las estructuras políticas descentralizadas de muchas comunidades jola hicieron especialmente difícil su sometimiento y favorecieron una larga tradición de autonomía, resistencia y defensa de las instituciones locales.

En materia religiosa, los Diola presentan una realidad diversa. El islam y el cristianismo tienen actualmente una presencia importante, pero también continúan existiendo comunidades y prácticas vinculadas a las antiguas religiones tradicionales. La situación varía considerablemente según el subgrupo y la región: por ejemplo, los Joola de Kassa han conservado una fuerte vinculación con las tradiciones ancestrales, mientras que en otras zonas, como Blouf y Fogni, la influencia del islam ha sido mayor. También existen comunidades cristianas. En muchos casos, las nuevas religiones han coexistido con prácticas y concepciones religiosas tradicionales.

La vida social tradicional de los Diola se organizaba alrededor de familias, linajes y comunidades locales, aunque las formas concretas de organización variaban considerablemente entre los diferentes grupos. Tampoco podemos afirmar de manera general que «los hombres vivían en casas redondas y las mujeres en casas rectangulares» o que la herencia siguiera siempre exactamente una línea paterna, pues la organización doméstica, la residencia y los derechos sobre la tierra presentan diferencias importantes entre las comunidades jola. Los estudios de Linares muestran precisamente que las relaciones de parentesco, residencia, género y acceso a la tierra podían variar considerablemente entre diferentes comunidades.

La sociedad Diola ha sido descrita tradicionalmente como una sociedad sin un sistema de castas comparable al existente entre otros pueblos de Senegambia. No existía una división rígida entre nobles, griots, artesanos y esclavos como la que encontramos, por ejemplo, en determinados sistemas sociales wolof o mandingas. Sin embargo, esto no significa que fuera una sociedad completamente homogénea: existían diferencias relacionadas con la edad, el género, el linaje, la autoridad religiosa, la riqueza y el acceso a la tierra y al trabajo.

Entre los valores tradicionalmente asociados a numerosas comunidades jola encontramos la autonomía, la libertad, la solidaridad comunitaria, el respeto a los antepasados, la protección de la comunidad, el trabajo, el honor y el respeto por la naturaleza. Estos principios se encuentran relacionados con sus sistemas religiosos, sus instituciones comunitarias y sus formas tradicionales de organización. La importancia concedida a la autonomía y a la defensa de la comunidad ayuda a comprender parte de su historia de resistencia frente a diferentes poderes externos.

Esta tradición de autonomía se manifestó también durante el periodo colonial. Los Diola participaron en diferentes formas de resistencia frente a la administración francesa y, como otros pueblos de África occidental, estuvieron afectados por el reclutamiento militar colonial durante las dos guerras mundiales. No obstante, esta cuestión merece ser tratada con mayor detalle en un apartado específico para no generalizar la experiencia de todos los grupos jola.


De hecho, existe un fuerte vínculo histórico y cultural entre los pueblos diola de Senegal y las comunidades jola de Gambia y Guinea-Bisáu, debido a que las fronteras actuales separaron territorios y comunidades que durante siglos mantuvieron relaciones familiares, comerciales y culturales. Gambia es un país de mayoría musulmana, mientras que en la región de Casamance existe una importante diversidad religiosa, con comunidades musulmanas, cristianas y seguidores de las religiones tradicionales. Esta diversidad también se refleja entre los propios Diola, dependiendo de la región y del grupo al que pertenezcan.

Los Diola también son conocidos por sus luchas tradicionales, una práctica de gran importancia cultural en diferentes comunidades de Casamance y otras zonas donde viven los Jola. Estas luchas pueden estar vinculadas a ceremonias, festividades y formas de demostrar fuerza, valor y habilidad, especialmente entre los jóvenes. Sin embargo, no debe entenderse que todos los niños y jóvenes diola participen obligatoriamente en ellas desde los siete años, pues las edades, modalidades y funciones de estas prácticas varían según la comunidad.

Uno de los elementos más importantes de la cultura tradicional de determinados grupos Diola es el bukut, un complejo rito de iniciación masculino que incluye la circuncisión y que marca el paso de los jóvenes hacia la edad adulta. El bukut no es simplemente una ceremonia de circuncisión, sino un proceso mucho más amplio que implica iniciación, transmisión de conocimientos, vínculos entre generaciones, relaciones familiares y cohesión comunitaria. Su duración y las ceremonias que lo acompañan pueden variar considerablemente según la comunidad. Los estudios etnohistóricos señalan, además, que el bukut constituye uno de los elementos fundamentales de la identidad cultural de numerosos grupos jola de Casamance.

El bukut puede considerarse, por tanto, uno de los grandes elementos de cohesión de la cultura Diola. La ceremonia no solamente marca la entrada de los jóvenes varones en la edad adulta, sino que también refuerza los vínculos entre familias y comunidades y permite transmitir conocimientos, valores, tradiciones y responsabilidades sociales de una generación a otra. Por esta razón, su importancia va mucho más allá de la propia circuncisión.

La antigüedad y las características de estos ritos de iniciación han despertado también el interés de investigadores y antropólogos, que han estudiado sus posibles relaciones con otras tradiciones de iniciación existentes en África occidental. Sin embargo, no existe una demostración histórica que permita afirmar que el bukut procede directamente de determinados pueblos o de las llamadas «tribus perdidas de Dan», por lo que esta cuestión debe considerarse una hipótesis o una cuestión abierta de investigación y no un origen demostrado.




La religión tradicional de los Diola constituye una parte fundamental de su cultura y de su concepción del mundo. En numerosas comunidades jola existe la creencia en un Dios creador supremo, aunque su nombre y las formas de concebirlo pueden variar según el grupo y la región. Entre los Jola de la Baja Casamance aparece el nombre Atemit, asociado al Dios creador y a una realidad superior que se encuentra por encima del mundo visible.

Dentro de esta concepción religiosa, el mundo visible y el mundo espiritual se encuentran estrechamente relacionados. Los antepasados ocupan un lugar importante en la vida religiosa y comunitaria, y existen diferentes prácticas destinadas a mantener la relación entre los vivos, los muertos y las fuerzas espirituales. Por ello, la religión tradicional no se limita a un conjunto de creencias, sino que está profundamente vinculada a la organización de la comunidad, la familia, la naturaleza y las distintas etapas de la vida.

Los Diola también conceden una gran importancia a la naturaleza y a los lugares sagrados. Determinados bosques, árboles, fuentes y otros espacios naturales pueden poseer un carácter religioso y estar vinculados a determinadas fuerzas espirituales. En este contexto aparecen los Boechin, término utilizado en algunas comunidades jola para referirse a determinadas entidades o fuerzas espirituales vinculadas al mundo invisible. No obstante, su significado y función pueden variar entre los diferentes grupos Diola, por lo que no deben entenderse simplemente como «espíritus de la naturaleza» en el sentido occidental.

El respeto por los antepasados, por la naturaleza y por las normas tradicionales forma parte de la vida religiosa de muchas comunidades jola. Las ceremonias religiosas pueden incluir oraciones, sacrificios y ofrendas, así como diferentes rituales destinados a establecer o mantener la relación con las fuerzas espirituales y con los antepasados. Estas prácticas están relacionadas con la protección de la comunidad, la salud, la fertilidad, las cosechas, la transición entre diferentes etapas de la vida y otros aspectos fundamentales de la existencia.

Las ceremonias de iniciación tienen asimismo una gran importancia. En diferentes comunidades jola existen procesos de iniciación relacionados con las distintas etapas de la vida y con la transmisión de conocimientos religiosos y sociales. Los hombres y las mujeres pueden ser iniciados mediante ceremonias diferenciadas y en determinados contextos existen bosques sagrados destinados a estos procesos de iniciación. Los iniciados reciben conocimientos que no necesariamente son transmitidos al conjunto de la comunidad, y algunos de aquellos que alcanzan determinados niveles de conocimiento religioso pueden desempeñar funciones de autoridad espiritual.

Entre las ceremonias de iniciación masculina destaca nuevamente el bukut, que incluye la circuncisión y representa el paso de los jóvenes a la edad adulta. Como hemos señalado anteriormente, el bukut no debe entenderse únicamente como una ceremonia de circuncisión, sino como un complejo proceso de iniciación, aprendizaje, transmisión de conocimientos y fortalecimiento de los vínculos entre generaciones y comunidades.

La concepción tradicional jola también concede una gran importancia a la autonomía y a la libertad individual y comunitaria. La ausencia histórica de una autoridad política centralizada en muchas comunidades y la importancia concedida a la responsabilidad de las familias y de las comunidades locales contribuyeron a desarrollar una fuerte valoración de la independencia. Esto ayuda a comprender la resistencia que diferentes comunidades jola mostraron frente a las imposiciones de poderes externos.

Los conflictos entre determinadas comunidades Diola y las autoridades administrativas de Senegal después de la independencia deben entenderse dentro de un contexto histórico mucho más amplio. En ellos han intervenido cuestiones relacionadas con la identidad, la autonomía, la tierra, la economía, la organización política y las reivindicaciones culturales de Casamance. Por ello, sería demasiado simplista atribuir el conflicto exclusivamente a la defensa de la religión tradicional, aunque la identidad cultural y las tradiciones locales sí forman parte de este complejo proceso histórico.

Con la llegada del cristianismo y del islam, la realidad religiosa de los Diola comenzó a transformarse. El cristianismo fue introducido y difundido durante el periodo colonial, mientras que el islam también se extendió entre diferentes comunidades jola, especialmente a través de sus relaciones con pueblos musulmanes vecinos y de las redes comerciales y religiosas de Senegambia.

En la actualidad, muchos Diola son cristianos o musulmanes, mientras que otros mantienen las religiones tradicionales. También existen diferentes formas de sincretismo religioso, en las que elementos de las antiguas tradiciones jola pueden coexistir con prácticas cristianas o musulmanas. La religión tradicional, por tanto, no ha desaparecido completamente, aunque su práctica exclusiva se encuentra mucho más reducida que en el pasado en numerosas comunidades.

Entre los grupos que conservan con mayor fuerza las tradiciones religiosas ancestrales se encuentran comunidades de Kassa y otras zonas de la Baja Casamance, aunque la situación varía considerablemente de una comunidad a otra. Para muchos Diola, incluso cuando profesan el cristianismo o el islam, determinadas costumbres, ceremonias, lugares sagrados y concepciones heredadas de sus antepasados continúan formando parte de su identidad cultural.

Por ello, la religión tradicional jola no debe contemplarse únicamente como una religión del pasado. Para muchos Diola constituye también una parte de su memoria, identidad y patrimonio cultural, y su conservación se encuentra vinculada a la defensa de determinadas tradiciones, ceremonias, conocimientos y relaciones con la comunidad y con la naturaleza.




Al igual que ocurre con los Wolof, la diáspora senegalesa ha llevado a numerosos Diola fuera de África occidental. Actualmente pueden encontrarse comunidades diola en países como España, Estados Unidos, Canadá, Francia y otros lugares, manteniendo en muchos casos vínculos familiares, culturales y sociales con Senegal, Gambia y Guinea-Bisáu. La emigración ha permitido además que determinadas tradiciones, lenguas, costumbres y formas de organización comunitaria continúen presentes fuera de su territorio de origen.

También hay que señalar que diferentes comunidades Diola mostraron una importante resistencia frente a la expansión colonial francesa. Esta resistencia estuvo relacionada con la defensa de la autonomía de las comunidades locales y con el rechazo a determinadas formas de control administrativo, reclutamiento, impuestos y ocupación del territorio. Sin embargo, al igual que ocurre con otros pueblos africanos, la relación con el poder colonial no fue idéntica en todas las comunidades ni en todos los periodos históricos.

Entre los apellidos asociados a familias y comunidades diola encontramos, entre otros:

Adioye, Assine, Biagui, Badiane, Badiate, Badji, Bassène, Bodian, Batendeng, Batiga, Coly, Deme, Diabone, Diamacoune, Diatta, Diadhiou, Diamé, Diandy, Diassy, Diédhiou, Dième, Djiba, Djibalène, Djiboune, Djicoune, Djihounouck, Ehemba, Goudiaby, Himbane, Lambal, Mané, Manga, Niassy, Ngandoul, Nyafouna, Sadio, Sagna, Sambou, Sané, Senghor, Sonko, Tamba y Tendeng.

No obstante, los apellidos no deben utilizarse por sí solos para determinar de manera absoluta la pertenencia étnica de una persona, ya que existen matrimonios mixtos, migraciones históricas, cambios de identidad y apellidos compartidos entre diferentes pueblos de Senegambia y Guinea-Bisáu. Por ello, esta lista debe entenderse como una relación de apellidos frecuentemente asociados al mundo diola, y no como una clasificación étnica absoluta.



Casamance tierra diola



La Casamance es una región histórica y natural situada en el sur de Senegal, entre Gambia y Guinea-Bisáu, atravesada por el río que lleva su mismo nombre. Se trata de una región de gran diversidad étnica, lingüística y religiosa, aunque los Diola son el grupo étnico predominante especialmente en la Baja Casamance, correspondiente principalmente a la actual región de Ziguinchor. En las zonas de la Casamance Media y Alta existe una composición mucho más diversa, con una importante presencia de mandingas, peul, balanta, bainuk, diola y otros pueblos.

La diversidad religiosa también es una de las características de Casamance. Aunque el islam es mayoritario en buena parte de la región, especialmente en la Casamance Media y Alta, también existe una importante presencia cristiana, particularmente católica, además de comunidades que mantienen prácticas y tradiciones religiosas ancestrales. En determinadas zonas de la Baja Casamance, la presencia del cristianismo y de las religiones tradicionales es especialmente importante. Por ello, Casamance presenta una realidad religiosa más diversa que otras regiones de Senegal, país cuya población es mayoritariamente musulmana.

Casamance posee además una importante historia de resistencia frente al colonialismo y de defensa de las identidades y autonomías locales. Entre las figuras históricas vinculadas a la resistencia anticolonial destacan Djignabo Bassène y Aline Sitoe Diatta, esta última convertida posteriormente en uno de los grandes símbolos de la resistencia de Casamance frente a la administración colonial francesa.

La región posee importantes centros urbanos y turísticos. En la Baja Casamance, dentro de la región de Ziguinchor, destacan Ziguinchor, Bignona y Oussouye, además de localidades y zonas turísticas como Cap Skirring y Kafountine. En la Casamance Media y Alta destacan Sédhiou, Kolda y Vélingara, entre otras localidades.

Tradicionalmente se distingue entre la Baja Casamance, correspondiente principalmente a la región de Ziguinchor; la Casamance Media, asociada actualmente a la región de Sédhiou; y la Alta Casamance, correspondiente principalmente a la región de Kolda. Esta división refleja una concepción histórica y geográfica de la región que no coincide exactamente con las fronteras administrativas actuales. Desde 2008, la Casamance natural está formada por las tres regiones administrativas de Ziguinchor, Sédhiou y Kolda.

Tambacounda, por su parte, estuvo vinculada a la Casamance histórica en determinadas delimitaciones y concepciones territoriales, pero actualmente pertenece a la región de Tambacounda y no forma parte de las tres regiones que constituyen la Casamance natural. Por ello, es más correcto hablar de su vinculación con la Casamance histórica que incluirla directamente dentro de la Casamance actual. 



Bibliografía y referencias

  • Linares, Olga F. Power, Prayer and Production: The Jola of Casamance, Senegal. Cambridge: Cambridge University Press, 1992. Obra fundamental para el estudio de la sociedad Diola/Jola de Casamance, especialmente en aspectos relacionados con la organización social, agricultura, relaciones de parentesco, género, religión, islamización, poder y economía.
  • Linares, Olga F. «Deferring to Trade in Slaves: The Jola of Casamance, Senegal in Historical Perspective». History in Africa, vol. 14, 1987, pp. 113–139. Estudio sobre las relaciones de las sociedades Jola con la esclavitud, la captura de personas y la trata atlántica, así como sobre las razones históricas que contribuyeron a que determinadas comunidades Jola desarrollaran tardíamente instituciones esclavistas.
  • Linares, Olga F. «Kuseek and Kuriimen: Wives and Kinswomen in Jola Society». Canadian Journal of African Studies, vol. 22, n.º 3, 1988, pp. 472–490. Referencia complementaria para aspectos relacionados con las relaciones familiares, el parentesco y la posición de las mujeres en la sociedad Jola.
  • Linares, Olga F. «Households among the Diola of Senegal: Should Norms Enter by the Front or the Back Door?». En Households: Comparative and Historical Studies of the Domestic Group, 1984, pp. 407–445. Referencia para el estudio de la organización doméstica y familiar entre los Diola.
  • de Jong, Ferdinand. Estudios sobre los ritos de iniciación, el bukut, la identidad y las relaciones de poder en las sociedades Jola de Casamance. Referencia utilizada para contextualizar la importancia cultural del bukut y los procesos de iniciación.
  • Ikuska. «Diola / Jola». Información sobre África. Fuente complementaria para aspectos generales relacionados con la distribución geográfica, población, cultura y religión de los Diola.
  • Fuentes complementarias sobre Casamance, utilizadas para contextualizar la división territorial entre Baja, Media y Alta Casamance, así como su diversidad étnica, religiosa e histórica.

Investigación personal

Investigación personal: Oumar Xavier

A través de África
Difusión de la historia africana desde una perspectiva africana, con interés en la divulgación rigurosa y crítica de la historia y las sociedades africanas.





domingo, 14 de agosto de 2016

Wolofs






Los wolof son un pueblo de África occidental que se extiende principalmente por Senegal, Gambia y Mauritania, aunque también existen comunidades wolof en Malí, especialmente en la región de Kayes. En Senegal constituyen el principal grupo étnico, representando aproximadamente el 40 % de la población, aunque la influencia del pueblo y de su lengua es mucho mayor que ese porcentaje debido a la utilización del wolof como lengua de comunicación entre personas de diferentes grupos étnicos.

Su idioma, el wolof, cuenta con más de 8 millones de hablantes si tenemos en cuenta tanto a quienes lo tienen como primera lengua como a quienes lo utilizan como segunda lengua. De hecho, el wolof se ha convertido en una de las principales lenguas de comunicación de Senegal y tiene una presencia especialmente fuerte en las ciudades. También es hablado en Gambia y Mauritania, mientras que en Senegal convive con otras lenguas nacionales y con el francés, que continúa siendo la lengua oficial del Estado.

En cuanto a la religión, los wolof son predominantemente musulmanes suníes, con una fuerte presencia de las grandes cofradías sufíes que han tenido un enorme peso en la historia religiosa y social de Senegal. El islam ha desempeñado un papel fundamental en la sociedad wolof, aunque también han sobrevivido elementos de las antiguas tradiciones religiosas africanas. Asimismo, existen minorías cristianas y personas que mantienen determinadas prácticas y creencias tradicionales.


Se cree que los orígenes de los wolof son anteriores a la formación de los grandes imperios medievales de África occidental, aunque durante mucho tiempo se ha sostenido la idea de que algunos de sus antepasados emigraron hacia el territorio de la actual Senegal tras la desintegración del antiguo Imperio de Ghana, durante los siglos XI y posteriores. Esta interpretación aparece en algunas reconstrucciones históricas, pero no podemos afirmar que todos los wolof procedieran de una única migración desde Ghana. Los orígenes del pueblo wolof son más complejos y se relacionan con los diferentes movimientos de población que tuvieron lugar en Senegambia durante la Edad Media. Las evidencias arqueológicas tampoco permiten establecer de manera definitiva una migración concreta que pueda identificarse exclusivamente como “la llegada de los wolof”.

Las tradiciones orales de los wolof y de otros pueblos de Senegambia conservan relatos sobre sus antiguos gobernantes, migraciones y fundadores. Algunas de estas tradiciones remontan los acontecimientos a los siglos XII y XIII y relacionan los orígenes de determinados linajes con poblaciones fulbe o fulani. Sin embargo, estas narraciones deben entenderse como parte de la tradición oral y no necesariamente como hechos históricos demostrados. La figura de Ndiadiane Ndiaye, considerado tradicionalmente fundador del Imperio Jolof, es un buen ejemplo de esta combinación entre memoria histórica, tradición y elementos legendarios.

Los wolof cuentan además con una importante tradición de griots, conocidos en wolof como gewel, especialistas de la palabra que tradicionalmente transmitían de generación en generación genealogías, historias, relatos, alabanzas y la memoria de las familias y de los gobernantes. No eran simplemente “contadores de historias”, sino personas que desempeñaban una función social muy importante dentro de la sociedad, conservando y transmitiendo conocimientos que en buena medida dependían de la tradición oral. Los griots formaban parte de un sistema social de grupos profesionales hereditarios existente entre los wolof y otros pueblos de África occidental.

Gracias a esta tradición oral podemos conocer numerosos aspectos del pasado wolof que no quedaron registrados inicialmente por escrito. Sin embargo, al estudiar estas tradiciones debemos distinguir entre memoria histórica, genealogía, tradición y hecho documental, ya que las narraciones transmitidas oralmente pueden incorporar elementos simbólicos y legendarios junto a recuerdos de acontecimientos reales.

Se sabe que antiguamente la región de Senegambia estuvo marcada por constantes luchas entre diferentes grupos, reinos y linajes que aspiraban a controlar las tierras, las rutas comerciales y las poblaciones. Con el paso del tiempo fueron surgiendo diferentes formaciones políticas, entre ellas Jolof, Waalo, Cayor y Baol, mientras que otros territorios estaban habitados por pueblos serer, fulbe, mandinga y otros grupos de la región. El poder político fue cambiando constantemente mediante alianzas, guerras, rebeliones y disputas entre gobernantes.


                                            estados que conformaban el imperio wolof antes de separarse

Posteriormente daría inicio el llamado Imperio Jolof o Wolof, una de las grandes formaciones políticas de la Senegambia medieval. Su historia fue larga, pero no permaneció durante más de 800 años como un imperio centralizado e ininterrumpido. Con el paso del tiempo, el poder del Jolof fue cambiando y, especialmente a partir de los siglos XVI y XVII, fueron adquiriendo cada vez mayor importancia diferentes Estados wolof, como Cayor, Baol, Waalo y el propio Jolof.

El Imperio Jolof llegó a estar formado por diferentes territorios y Estados vinculados entre sí bajo la autoridad de un soberano, conocido como Buurba Jolof. Su posición dentro de las redes políticas de África occidental fue cambiando con el tiempo y estuvo relacionada con otros grandes poderes de la región. No debemos entenderlo simplemente como un Estado aislado, sino como parte de un espacio político y comercial en el que también tuvieron importancia los imperios de Ghana y Mali, así como los pueblos mandinga, serer, fulbe y otros grupos de Senegambia.

El constante comercio con los europeos a través de la costa, especialmente con los portugueses desde el siglo XV, transformó progresivamente los equilibrios políticos y económicos de la región. El comercio atlántico, y posteriormente la trata de esclavos, tuvo una enorme repercusión sobre los Estados de Senegambia. Con el debilitamiento de la autoridad central del Jolof surgieron y se fortalecieron Estados wolof como Cayor, que llegó a convertirse en una de las principales potencias políticas de la región.

En los Estados wolof y serer, el rey no gobernaba de manera completamente absoluta. La autoridad del soberano estaba condicionada por otros jefes y dignatarios, y existían mecanismos políticos que limitaban su poder. Entre las figuras de autoridad destacaba el Jaraff, que desempeñaba importantes funciones políticas y participaba en la elección y legitimación del gobernante. El consentimiento de determinados grupos de hombres libres y de los principales jefes era fundamental para el funcionamiento del Estado. Por tanto, aunque existía una monarquía, el poder estaba distribuido entre diferentes autoridades y grupos sociales.

La principal actividad económica de los wolof fue tradicionalmente la agricultura, adaptada a las diferentes condiciones ecológicas de Senegal y Senegambia. El mijo y el sorgo tuvieron una enorme importancia como cultivos alimentarios, especialmente en las regiones más secas, mientras que el arroz adquirió una gran importancia en las zonas más húmedas. También se cultivaban diferentes legumbres y otros productos. Posteriormente, el cacahuete se convirtió en uno de los cultivos comerciales más importantes de Senegal, especialmente durante la época colonial, transformando profundamente la economía agrícola de la región.

También hay que señalar la importancia de la pesca y del arroz en la alimentación de las poblaciones de Senegal y de las regiones costeras y fluviales de Senegambia. La alimentación wolof tradicional se construyó, por tanto, a partir de una combinación de agricultura, pesca, ganadería y comercio, adaptándose a los diferentes ambientes de la región.

La sociedad wolof

Los wolof desarrollaron una sociedad con una estructura social compleja. Tradicionalmente se distinguían grandes categorías sociales como los géér, que agrupaban a las personas libres; los ñeeño, vinculados a diferentes profesiones y oficios considerados hereditarios; y los jaam, personas que se encontraban en diferentes situaciones de dependencia o esclavitud.

Dentro de estas categorías existían numerosas subdivisiones. Entre los géér se encontraban los grupos de nobleza y las personas dedicadas principalmente a la agricultura, mientras que entre los ñeeño se encontraban especialistas como herreros, trabajadores del cuero, tejedores, joyeros, músicos y griots. Los jaam, por su parte, podían encontrarse en diferentes situaciones y grados de dependencia. Por ello, no sería correcto reducir la sociedad wolof simplemente a tres “clases” completamente homogéneas.

Los matrimonios entre personas pertenecientes a determinados grupos sociales podían estar sometidos a fuertes restricciones y normas tradicionales. Estas diferencias sociales llegaron a tener una enorme importancia en la vida cotidiana y en la organización de las comunidades wolof, aunque también existieron mecanismos de movilidad y cambios de estatus a lo largo del tiempo.

Los wolof seguían además un complejo código de conducta basado en el estado social, la familia, el honor y las obligaciones hacia la comunidad. Una persona perteneciente a una posición social elevada estaba obligada a mantener determinadas normas de comportamiento, mostrando autodominio y dignidad, evitando acciones que pudieran deshonrar a su familia y cumpliendo sus obligaciones sociales y religiosas.

La sociedad wolof también desarrolló una importante cultura de la elegancia, la vestimenta y los adornos corporales. Las mujeres wolof son conocidas por sus elaborados vestidos y sofisticados peinados, y la moda y la estética wolof han tenido una influencia considerable sobre otros pueblos y sociedades de África occidental.

Tradicionalmente, una comunidad wolof podía estar formada por numerosas familias agrupadas alrededor de espacios comunes. Las viviendas podían construirse con diferentes materiales disponibles en cada región y se organizaban alrededor de patios y espacios familiares. En el centro de las comunidades existían lugares de reunión, mezquitas y otros espacios públicos donde se desarrollaba buena parte de la vida social.

Entre esos espacios tenía especial importancia la “casa de la palabra”, lugar asociado a las reuniones y a la transmisión oral de conocimientos. También se celebraban allí diferentes acontecimientos sociales, fiestas, bailes tradicionales y otras actividades comunitarias. La lucha senegalesa, conocida como laamb en wolof, se convertiría posteriormente en una de las expresiones deportivas y culturales más importantes de Senegal.

Tradicionalmente, los wolof eran gobernados por diferentes jefes pertenecientes a las familias y grupos de la nobleza. El poder no dependía únicamente de la sucesión hereditaria directa, sino también de complejos mecanismos de elección, legitimación y alianzas entre las familias gobernantes.

La riqueza generada por el comercio atlántico y, especialmente, por la trata de esclavos, transformó profundamente estos equilibrios. Durante varios siglos se produjeron luchas internas entre diferentes familias y gobernantes que competían por el poder, el control de las rutas comerciales y el acceso a los recursos. Los Estados wolof de Senegambia estuvieron, por tanto, sometidos a constantes cambios políticos, alianzas, guerras y rebeliones.

Los jefes locales desempeñaban funciones administrativas y políticas, participando en el mantenimiento del orden, la recaudación de tributos y la relación entre las comunidades locales y las autoridades superiores. El sistema político wolof no era, por tanto, una estructura absolutamente centralizada, sino una compleja red de soberanos, nobles, jefes locales, familias y autoridades religiosas.

Islam y tradición religiosa

En materia de religión, como señalé anteriormente, los wolof son actualmente predominantemente musulmanes suníes, y las cofradías sufíes han desempeñado un papel fundamental en la historia religiosa y social de Senegal. Sin embargo, la islamización de los wolof no fue un proceso instantáneo ni completamente uniforme. Durante siglos coexistieron las nuevas creencias islámicas con elementos de las antiguas tradiciones religiosas africanas.

A partir de los siglos XVIII y XIX, el islam adquirió una influencia cada vez mayor en la sociedad wolof, y posteriormente las cofradías sufíes se convertirían en instituciones fundamentales de la vida religiosa, económica y social de Senegal.

Uno de los personajes más importantes de esta historia fue Shaykh Amadou Bamba, fundador de la Muridiyya, una de las grandes cofradías sufíes de Senegal. Su discípulo Shaykh Ibrahima Fall se convirtió igualmente en una figura fundamental de la tradición muridí, especialmente a través de la rama conocida como Bay Fall.

La Muridiyya no fue solamente un movimiento religioso. Con el tiempo se convirtió también en una poderosa comunidad social y económica, profundamente vinculada a la historia del Senegal moderno. Muchos wolof pertenecen actualmente a diferentes turuq, o cofradías sufíes, entre ellas la Muridiyya, la Tijaniyya y la Qadiriyya.

Por ello, la sociedad wolof contemporánea no puede entenderse únicamente desde la perspectiva de su pasado preislámico. El islam, y particularmente el sufismo organizado en cofradías, forma parte fundamental de su identidad religiosa y social, aunque numerosos elementos de las antiguas tradiciones africanas continúan presentes en las costumbres, las concepciones familiares y la cultura popular.


                                            Shaykh Amadou Bamba

                                                     Shaykh Ibra Fall




Bibliografía y fuentes consultadas

  • Diop, Abdoulaye-Bara. La société wolof. Tradition et changement : les systèmes d'inégalité et de domination. Paris: Karthala, 1981; edición consultada/reeditada en 2012.
    Obra fundamental para el estudio de la estructura social wolof, castas, órdenes políticos, esclavitud, monarquía, islam, marabouts y confraternidades religiosas. El estudio combina investigación sociológica, observación directa, entrevistas y tradición oral.
  • Diop, Abdoulaye-Bara. La famille wolof. Tradition et changement. Paris: Karthala, 1985; edición consultada/reeditada en 2012.
    Referencia para aspectos relacionados con familia, parentesco, alianzas matrimoniales, estructuras sociales, castas y órdenes políticos y religiosos.
  • Charles, Eunice A. Precolonial Senegal: The Jolof Kingdom, 1800–1890. Boston: African Studies Center, Boston University, 1977.
    Estudio dedicado específicamente al Reino de Jolof, con contenidos sobre territorio, organización política, luchas sucesorias, gobernantes, jefes, Islam, griots, comercio y relaciones entre Jolof y otros territorios de Senegambia.
  • Cruise O'Brien, Donal B. The Mourides of Senegal: The Political and Economic Organization of an Islamic Brotherhood. Oxford: Clarendon Press, 1971.
    Estudio sobre la Muridiyya, su origen y desarrollo, autoridad religiosa, marabouts, discípulos, organización social y económica, agricultura y transformación de la sociedad senegalesa.
  • Ikuska. «Wolof». Información sobre África.
    Fuente complementaria para datos generales de población, distribución geográfica, lengua, cultura y religión wolof.
  • Investigación personal: Oumar Xavier.

Investigación y elaboración

Investigación personal: Oumar Xavier
A través de África — difusión de la historia africana desde una perspectiva africana, con interés en la divulgación rigurosa y crítica de la historia y las sociedades africanas.


viernes, 12 de agosto de 2016

Los Ashantis



                                           Bandera nacional y étnica de los ashantis


Llamados ashantis, aunque también ashantes o asantes, son un pueblo akan que vive principalmente en Ghana, país del África occidental situado entre Costa de Marfil y Togo, con Burkina Faso al norte. Los ashantis constituyen uno de los principales grupos étnicos de Ghana y ocupan principalmente la zona centro-sur del país, especialmente la región de Ashanti, cuya capital es Kumasi. Según la clasificación etnológica de Ikuska, otros grupos akanes como los akuapem y los fanti presentan también importantes vínculos culturales con el mundo asante.

De hecho, los ashantis conformaron una poderosa fuerza política en África occidental y el oro fue uno de los principales pilares de su poder económico. El Reino Asante tuvo sus orígenes en la unión de diversos clanes akanes durante el siglo XVII y su consolidación estuvo estrechamente relacionada con el comercio del oro. En 1697, Osei Tutu unificó bajo su autoridad a los principales grupos asante y consolidó el poderoso Estado que posteriormente llegaría a dominar una amplia parte de la región.

Su soberano era llamado Asantehene. Uno de los más importantes fue Osei Tutu, que estuvo acompañado por el sacerdote principal Okomfo Anokye, figura fundamental en la tradición política y religiosa asante. Juntos impulsaron importantes transformaciones en la organización del Estado, las leyes y las ceremonias de la realeza.

Osei Tutu convirtió el Taburete de Oro en uno de los mayores símbolos de la monarquía y, sobre todo, de la unidad del pueblo Asante. Según la tradición, el taburete descendió del cielo y simbolizaba la nación asante, por lo que no era simplemente un trono del soberano, sino un símbolo de la unidad política y espiritual del reino.

Durante el proceso de expansión colonial británica, los británicos comprendieron perfectamente la importancia simbólica del Taburete de Oro y trataron de utilizarlo para demostrar su autoridad sobre los ashantis. Sin embargo, el Taburete de Oro original no fue sustraído por los británicos. Los ashantis consiguieron ocultarlo, mientras que los británicos llegaron a utilizar un taburete como instrumento de humillación y sometimiento. Posteriormente, en 1935, el Taburete de Oro fue devuelto al nuevo Asantehene, Prempeh II, quien recuperó parte de las antiguas ceremonias y tradiciones de la monarquía.

La monarquía asante, aunque ya no constituye un Estado soberano independiente, continúa existiendo dentro de la Ghana moderna como institución tradicional. El Asantehene sigue teniendo una importante autoridad cultural, simbólica y social, especialmente en la región de Ashanti. El poder tradicional convive actualmente con las instituciones políticas de la República de Ghana.


                                             Asantehene Otumfuo Nana Osei Tutu II


Los ashantis se hicieron famosos por su joyería y en especial comercio de oro.
                                                        mujer ashanti con joyería tradicional.

Aunque hay que señalar que los Asante fueron una sociedad fuertemente militarizada y guerrera, especialmente durante el proceso de formación y expansión de su Estado. Tradicionalmente se ha relacionado el nombre Asante con las palabras twi ɔsa, “guerra”, y nti, “por causa de” o “debido a”, interpretándose así como “por causa de la guerra”. Esta explicación está relacionada con la formación de la unión Asante para enfrentarse al poderoso reino de Denkyira. (Manhyia Palace Museum and Archives)


Los Baoulé y su vínculo con los Asante

Existe también un vínculo tradicional entre los Baoulé de Costa de Marfil y los Asante (Ashanti) de Ghana. Desde pequeño escuché que los Baoulé procedían originalmente de tierras asantes y que su migración hacia el oeste estuvo relacionada con Abla Pokou, una mujer perteneciente a la realeza asante.

Según la tradición, Abla Pokou abandonó las tierras asantes junto con un grupo de seguidores y emprendió una migración hacia el oeste, hasta llegar al territorio de la actual Costa de Marfil. Durante el viaje, los fugitivos encontraron un río que les impedía continuar su camino. La tradición cuenta que, para que su pueblo pudiera atravesarlo, Abla Pokou tuvo que sacrificar a su propio hijo arrojándolo a las aguas.

Después de cruzar el río, al contemplar la muerte de su hijo, habría pronunciado la expresión «Ba-oulé», tradicionalmente interpretada como «el niño ha muerto». Según esta tradición, de aquella expresión habría surgido el nombre Baoulé.

Más allá de los elementos legendarios del relato, esta tradición conserva la memoria de un origen relacionado con el mundo asante y de una migración hacia el territorio que posteriormente ocuparían los Baoulé en Costa de Marfil. La figura de Abla Pokou ocupa, por ello, un lugar fundamental en la tradición histórica y cultural baoulé.


La tradición militar de los Asante

Como señalé, era un pueblo también guerrero, que se mostró fiero ante el colonialismo inglés. Los Asante desarrollaron una importante tradición militar y, aunque utilizaban armas tradicionales como arcos y flechas, lanzas, cuchillos, machetes y espadas, también llegaron a utilizar armas de fuego, obtenidas principalmente mediante el comercio con europeos. Por tanto, no sería correcto afirmar que desconocían o no utilizaban armas de fuego; la cuestión es que su armamento y organización militar eran diferentes de los de los ejércitos europeos y, con el paso del tiempo, la superioridad tecnológica británica fue adquiriendo una importancia cada vez mayor.

El Estado Asante fue guerrero desde sus comienzos bajo Osei Tutu, quien, desde su base en Kumasi y con el apoyo de otros clanes akanes, se lanzó a la expansión militar y consiguió derrotar finalmente a Denkyira. Osei Tutu también fortaleció la unión de los diferentes estados akanes, que hasta entonces se encontraban políticamente fragmentados, creando una estructura política y militar mucho más poderosa. La victoria sobre Denkyira, especialmente la guerra de Feyiase a comienzos del siglo XVIII, fue fundamental para consolidar el poder Asante. (Encyclopaedia Africana)


La esclavitud en la sociedad Asante


No se puede negar que los Asante también tenían esclavos. Muchos eran enemigos capturados principalmente durante las guerras, aunque el estatus de las personas esclavizadas podía variar considerablemente. Algunos podían adquirir riqueza, casarse e integrarse en la sociedad de sus amos, mientras que otros sufrían condiciones mucho más duras. También existían prácticas de sacrificio de esclavos en determinados funerales de personas de alto rango, relacionadas con la creencia de que los sirvientes podían acompañar a sus amos en la otra vida. (Ikuska)

De hecho, puede sonar raro, pero los esclavos que adquirían cierto estatus y riqueza también podían llegar a poseer esclavos. Asimismo, existen referencias a que una persona esclavizada podía solicitar un cambio de amo cuando consideraba que sufría malos tratos graves. Esto no significa que la esclavitud Asante fuese una institución benigna: continuaba siendo una forma de dependencia y de falta de libertad. Sin embargo, su funcionamiento interno era más complejo que una simple división entre personas completamente libres y esclavos sometidos a unas mismas condiciones.


La sociedad Asante


La sociedad Asante también era matrilineal, y la pertenencia al clan se transmitía principalmente a través de la línea materna. El abusua, es decir, el linaje materno, tenía una importancia fundamental en la organización social. Por ello, cuando nacía un niño, su pertenencia al clan se establecía principalmente a través de la madre y de su familia materna. Esto diferenciaba claramente la transmisión del parentesco y de determinados derechos sociales de los sistemas estrictamente patrilineales. (KNUST Institutional Repository)


El ejército Asante y las guerras contra los británicos


En su máximo apogeo, las fuentes europeas describieron al ejército Asante como una fuerza militar de enormes dimensiones. Algunas estimaciones británicas llegaron a hablar de hasta 200.000 guerreros, aunque estas cifras deben tomarse con cautela, ya que las estimaciones militares de las fuentes coloniales no siempre son fiables y podían exagerar el tamaño de los ejércitos africanos.

Los británicos tuvieron que enfrentarse militarmente con los Asante en varias ocasiones durante el siglo XIX. Tradicionalmente se habla de cuatro guerras anglo-asante principales entre 1823 y 1896, aunque el conflicto entre ambos poderes fue mucho más prolongado y estuvo acompañado de expediciones, enfrentamientos y periodos de tensión. Finalmente, la derrota militar Asante permitió la incorporación de su territorio al dominio colonial británico.


La organización política y administrativa


La sociedad Asante poseía además una estructura política y administrativa compleja, con leyes, autoridades, tribunales, funcionarios y una poderosa institución monárquica encabezada por el Asantehene. Los europeos que entraron en contacto con el reino mostraron interés por sus instituciones, sus leyes, su religión, su organización política y sus costumbres, aunque estas descripciones deben ser leídas también teniendo en cuenta la mirada colonial de quienes las realizaron.


La organización política y la monarquía Asante


En la actualidad, Ashanti es una de las regiones administrativas de Ghana, pero el antiguo Estado Asante ya no constituye un Estado soberano independiente. Sin embargo, la monarquía tradicional continúa existiendo y el Asantehene mantiene una importante autoridad cultural y simbólica dentro de Ghana. Por ello, hablar de un “Estado dentro de otro Estado” puede resultar demasiado literal: es más preciso hablar de una institución monárquica tradicional que continúa existiendo dentro de la República de Ghana.

Lengua y cultura


Los Asante conservan además su propia lengua, el asante twi, una de las principales variedades del akan. El akan y sus variedades, entre ellas el asante y el akuapem, tienen una enorme importancia cultural y son utilizados en la educación y en la vida cotidiana de Ghana. (Ikuska).

Religión y creencias


En lo que se refiere a la religión, antiguamente la religión tradicional Asante estaba basada en la relación con Nyame, las divinidades o abosom, los antepasados y diferentes fuerzas espirituales. A menudo se utiliza el término “animismo” para describir estas creencias, aunque es una palabra demasiado general y procedente de categorías externas. Actualmente, gran parte de la población Asante es cristiana, mientras que también existen comunidades musulmanas y personas que continúan practicando o manteniendo elementos de la religión tradicional.

La religión tradicional no desapareció simplemente con la llegada del cristianismo y el islam. Muchas prácticas, símbolos, concepciones del mundo y tradiciones continuaron formando parte de la cultura Asante, incluso entre personas pertenecientes actualmente a religiones cristianas o musulmanas.

Por tanto, hablar de los Asante únicamente como un pueblo guerrero sería quedarse corto. Fueron y siguen siendo una sociedad con una compleja historia política, militar, económica, religiosa y cultural, cuya influencia continúa siendo visible en la Ghana actual.



                                                       Tierra de los Ashantis en Ghana


                                                          Tierra de Ashanti en rojo dentro de Ghana, color blanco








Referencias y fuentes consultadas

Investigación: Oumar Xavier

A través de África
Difusión de la historia africana desde una perspectiva africana, con rigor histórico y sin sesgos.